Una región de lagos, balnearios e historia al norte de Alemania

Un palacio romanticista que poco tiene que envidiar a Neuschwanstein, mil lagos conectados por canales y riachuelos, amplias playas de arena blanca y elegantes balnearios del siglo XIX. Son algunas de las sorpresas que esconde el estado de Mecklemburgo- Pomerania Occidental.

Desconocido para muchos viajeros, a la sombra de territorios tan exitosos como la Selva Negra o el Lago Constanza. Y sin embargo, muy famoso entre los alemanes, que a menudo lo eligen como destino vacacional. La suma de características paisajísticas e históricas de Mecklemburgo- Pomerania Occidental, un estado federal situado al nordeste de Alemania (a medio camino entre Berlín y Hamburgo), hace que sea una visita que vale mucho la pena. Los motivos son diversos, y a continuación los analizamos.

  • El ‘Neuschwanstein del norte’: Mientras los Castillos del Rey Loco, al sur de Múnich, se llevan la fama, en el extremo norte una perla arquitectónica carda la lana. Se trata del Palacio de Schwerin, situado en una isla en pleno centro de la ciudad homónima. Inmenso y majestuoso, presidido por esbeltos torreones y una cúpula dorada, se llega a él mediante un puente digno de cuento de hadas. Este castillo tiene sus orígenes en otro de eslavo construido en el año 965, del cual ha heredado la forma circular. Sin embargo, fue remodelado siguiendo las premisas del romanticismo en el siglo XIX. Hoy es la sede parlamental de Mecklemburgo- Pomerania Occidental, al ser Schwerin la capital del estado.
  • ‘El país de los mil lagos’: Presididos por el lago Müritz, el mayor de Alemania, esta región cercana al Báltico se caracteriza por sus múltiples lagos, en su mayoría conectados entre sí. Además de la rica vegetación y fauna local, a sus orillas crecen pintorescos y tradicionales pueblos de pescadores que hacen las delicias del visitante. Es un lugar perfecto para navegar en canoa o en velero, o incluso para desplazarse hasta él mediante ‘casa flotante’ desde Berlín. Una vía para bicicletas recorre el conjunto de la región, y por el paisaje, es ideal para recorrerla con niños.

  • Pasado portuario medieval: Mecklemburgo- Pomerania Occidental es un estado plagado de pueblos con encanto, con enormes iglesias góticas de ladrillo, majestuosos ayuntamientos y casas de fachada escalonada. Son el reflejo de un pasado ligado al comercio. Las ciudades de Schwerin y Rostock, las más importantes de la región, son buena muestra de ello. Pero aún más los cascos históricos de Wismar y Stralsund, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
  • Elegantes balnearios: El Duque Federico Francisco I acudió a Heiligendamm, a orillas del Mar Báltico, en busca de cura para sus males en 1793. Su llegada fue el nacimiento del primer baño de mar alemán, que marcó el inicio de una cultura de baños y balnearios aprovechando las propiedades curativas del agua y las blancas arenas de las playas del norte. Hoy existen un total de 29 baños de este tipo. Los más famosos son los de Ahlbeck, Bansin y Heringsdorf, por conservar la estética elegante y señorial característica de otros siglos. Mención aparte merecen las típicas hamacas dispuestas a primera línea de mar. Si en nuestra geografía son simples tumbonas, por aquellas tierras de climas complejos recuerdan el asiento de una calesa. En ese sentido también destaca la isla de Rügen, al norte. Uno de los principales destinos vacacionales de Alemania.

Foto: Dirk Vorderstrasse.

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