Valencia a tus pies

Torres de Serranos

Valencia es una ciudad bonita. Con encanto. De las que te dejan un buen recuerdo cuando la abandonas. En ella residen jardines magníficos, con historia, como el Jardín Botánico o los Jardines de Viveros. Reside el mayor atractivo turístico del país: la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Reside la fiesta más tradicional y más admirada: las Fallas. En ella se juntan el mar, el sol y la dieta mediterránea. Cuando te marchas de la ciudad te persigue el olor a pólvora y el sabor a paella. Te persigue la esencia valenciana.

Pero hay algo que al visitar Valencia no podemos dejar pasar de largo. Porque la ciudad también cuenta con importantes monumentos históricos y uno de ellos son las Torres de Serranos. Dos imponentes torres que en su día fueron una de las doce puertas que custodiaban la antigua muralla de la ciudad, de la que solo se conservan en pie dos vestigios más: las Torres de Quart y la Puerta de los Judíos. Durante mucho tiempo, su función fue servir de defensa ante cualquier ataque o asalto a la ciudad, pero generalmente las Torres de Serranos, que constituían la entrada principal a Valencia, se utilizaba para ceremonias y entradas oficiales de embajadores y de reyes. Durante algún tiempo sirvió de prisión; luego también se utilizó como museo y como lugar para diferentes actos. Hoy su utilidad es otra bien diferente. Quizá la más característica es la crida, a finales de febrero, cuando la Fallera Mayor llama a los valencianos a unirse al comienzo de las Fallas.

Las Torres están abiertas al público. El ciudadano puede subir por unas enormes y majestuosas escaleras y adentrarse en el interior de la fortificación. Se pierde entre los enormes bloques de piedra, recientemente restaurados, y asciende hasta lo más alto del torreón. Recorre caminos, puertas, pasillos abovedados, techos de crucerías, escalones y más escalones… se asoma entre las almenas, fantasea observando a través de las estrechas rendijas que antaño se utilizaban para disparar flechas y protegerse del enemigo. Cuántos y quiénes pisaron aquel suelo antes que nosotros, cuántos perecieron y cuántos dieron muerte desde allí. Hoy, en lugar de flechas, se lanzan fotos desde esas diminutas aberturas. Es como observar la ciudad a través de la rendija de un ojo que todo lo ve.

Continuas ascendiendo y alcanzas un tercer piso más elevado. Un estrecho pasillo que rodea las torres y en cuyo suelo se han construido pequeños paneles de cristal transparentes. Mientras caminas, puedes ver bajo tus pies lo que hay allá abajo, a metros y metros de de ti. El vértigo se apodera de tu estómago y aceleras el paso hacia una nueva zona segura. Si retrocedes, encuentras otras escaleras que suben hasta lo más alto del edificio. Unas conducen hacia la torre de la derecha y otras hacia la izquierda. Cada lado ofrece una visión de la ciudad. Si las sumas obtienes una panorámica perfecta de Valencia. Desde allí arriba uno se siente importante. Todo resulta mucho más bello cuando reside a nuestros pies. Desde allí nos sentimos antiguos monarcas oteando a los súbditos. Fantaseamos, oteamos el horizonte y nos entregamos al paisaje. Y Valencia entera está allí para devolvernos la mirada.

Fuente: perso.wanadoo

Foto: Felivet

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