Tombuctú, un tesoro olvidado

En pleno desierto africano y a orillas del río Níger sobrevive Tombuctú, una de las ciudades más destacadas de Malí. Hace años fue un enclave mítico, protagonista de las historias de aventureros sobre viajes remotos. Hoy vive en plena decadencia, sin despertar mucho interés turístico, pero con sus verdaderos tesoros ocultos bajo la arena de las tormentas.

En pleno desierto africano y a orillas del río Níger sobrevive Tombuctú, una de las ciudades más destacadas de Malí. Hace años fue un enclave mítico, protagonista de las historias de aventureros sobre viajes remotos. Su ubicación en el fin del mundo propiciaba la existencia de leyendas relacionadas con su belleza y con las maravillas que albergaba. Curiosamente, su ubicación también era privilegiada a nivel estratégico, pues era un punto clave de transacción en la ruta comercial transahariana, es decir, el lugar perfecto para el intercambio de bienes entre norte y sur. Gracias a ello el mito se convertía en realidad: en su época de mayor esplendor fue capital intelectual y espiritual de África, además de tener una de las primeras universidades del mundo.

Cercanías de Tombuctú


Tras la cúspide vino la decadencia, una condena resultado de la avaricia humana. Tras años de rapiña, saqueos y maltratos, los dos últimos siglos han dejado Tombuctú como la sombra de aquello que fue y ya no es. Sin embargo, su imagen desgastada por la pobreza y el clima esconde tesoros ocultos bajo el polvo. Algunos libros, algunos detalles ornamentales en las casas, y la histórica mezquita de Yinguereber presidiendo la escena. Es poco para satisfacer al ojo desnudo de un turista que se acerca hasta el lugar atraído por un nombre que le resulta familiar, seguramente por herencia de lo que aún sobrevive de aquellas leyendas.

Pero quienes han estado allí aseguran que una adecuada aproximación a Tombuctú te permite percibir la belleza que se esconde bajo su aparente dejadez. La ciudad dispone de aeropuerto desde 2006, lo cual facilita plantarse allí como si nada, pero hacer la ruta en todo terreno o navegando por el río permite al viajero descubrir lo remoto que este lugar. Y lo intrigante que es que sobreviva pese a la adversidad.

Panorámica de la ciudad

Lejos de todas partes, es víctima de continuas tormentas de arena, y queda prácticamente aislada cuando el río crece. Sus habitantes viven una cotidianidad tranquila, y las historias sobre tiempos pasados que parecen presentes aparecen a menudo en las conversaciones. Todos recuerdan lo preciada y admirada que fue su tierra, y cómo el hombre blanco terminó por abandonarla. Pero creen en su futuro y en el misticismo que cuida Tombuctú. Una ciudad protegida por 333 santos, y cuyos habitantes conocen los más grandes secretos mágicos para lograr la prosperidad.

Con una descripción como esta, Tombuctú se presenta como un destino tan recomendable para los más aventureros como poco recomendable para quienes busquen turismo al uso. Encontraréis más información sobre esta fascinante ciudad en este artículo de El País.

Fotos: nawito en Flickr.com.

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