Tikal, el misterio maya en Guatemala

Las ruinas mayas de Tikal, en plena selva del Petén, son el lugar más visitado por los turistas en Guatemala. Es imprescindible subir a la Pirámide IV -la Serpiente Bicéfala- y observar la magnitud de la selva que envuelve este gran yacimiento arqueológico.

Las pirámides I, II y III vistas desde la IV, la Serpiente Bicéfala.

Mucho se habló hasta hace unas semanas de los mayas y el supuesto apocalipsis que predijeron. Como era de esperar no pasó nada y la fiebre maya desapareció, pero si queremos conocer un poco mejor a esta cultura ya tardamos en planear un viaje a Tikal, Guatemala. Esta enorme ciudad maya en medio de la selva es el sitio más visitado del país, y su ubicación le añade un halo de misterio a las enormes pirámides que se elevan entre los árboles.

El Parque Nacional Tikal se encuentra en medio de las selvas del Petén, el departamento más al norte del país y que supone un tercio del territorio guatemalteco. Se trata de una selva abrupta y desconocida, que se extiende por Belice y México en la que las fotos de la NASA revelan la presencia de unos 3.000 asentamientos mesoamericanos. Los arqueólogos solo han trabajado en un 25%, lo que indica la dificultad de penetrar en esa selva.

Hace unos 1.300 años los mayas abandonaron Tikal, la capital de uno de los estados más poderosos de la época. ¿La razón? Un misterio, aunque la deforestación de la selva podría ser la causa. La cal era uno de los materiales más utilizados en las construcciones mayas, pero para hacer un metro cúbico quemando roca caliza se necesitan 20 árboles. Si tenemos en cuenta que la Pirámide IV, la más conocida, tiene un volumen de 144.000 metros cúbicos, no es de extrañar que arrasaran con la selva de la zona.

La Pirámide IV, también conocida como la Serpiente Bicéfala, debería ser el colofón a nuestra visita. Es obligado subir los 200 escalones que hay hasta su cima, a unos 70 metros de altitud, y contemplar desde allí la inmensidad de la selva del Petén. Entre sus árboles surgen las partes más elevadas del resto de pirámides de Tikal, como la de las Máscaras, del Sacerdote o del Jaguar. Para disfrutar más del momento hay que esperar a un momento en que no haya una gran cantidad de turistas en la cima.

Aunque el horario del complejo es de 6 de la mañana a 6 de la tarde, si pagamos unos 100 quetzales más -10 euros- nos dejarán ver el amanecer o la puesta de sol desde la Pirámide IV, una experiencia que vale la pena no solo por el espectáculo que nos brinda la naturaleza sino por la tranquilidad que se vive. Antes de ir a Tikal hay que mentalizarse del calor que hará, más extremo en julio y agosto, aunque entonces hay menos turistas. En cambio, la temporada alta es en Semana Santa, abril y mayo, por lo que es aconsejable evitar ir en esas fechas para no coincidir con una marabunta de turistas.

Fuente: El País

Foto: archer10 (Dennis)

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