San Petersburgo, la belleza de un legado imperial

San Petersburgo, la belleza de un legado imperial

Cuando Rusia era un Imperio, San Petersburgo era la capital de toda la nación, hoy a varios siglos de ello, la ciudad es la segunda más grande del país, hubo también un tiempo donde cambió su nombre a Leningrado, en honor al Lenin, pero esa es otra historia.

A San Petersburgo también se le conoce como “la Venecia del norte” porque es proclive a inundaciones y existen 700 puentes que surcan la ciudad, desde su fundación la ciudad tuvo claro que su destino era de grandeza, el Zar Pedro el Grande, mandó a traer a arquitectos e ingenieros de Europa occidental para que le dieran un nuevo aire a la ciudad con un estilo neoclásico así como barroco.

Uno de los mayores legados arquitectónicos es el Palacio de Invierno de los Zares, y que en la actualidad se han convertido en un museo muy visitado por los turistas nacionales y extranjeros.

Dentro del museo se puede observar colecciones de pinturas y la sede del Ballet Kirov, es decir el teatro del mismo nombre. Este museo forma parte también de la historia, pues aquí murió la dinastía de los zares y se instaló el comunismo.

La visita también puede dirigirse hacia el Palacio Pavlovsk, a unos 20 kilómetros del centro de la ciudad, este lugar situado a lo largo del valle del río Slavyanka, cuenta con pequeños pabellones y muestras arquitectónicas como: el Templo de la Amistad, la Columnata de Apolo, el Pabellón de las Tres Gracias, la Granja de lácteos y el Pabellón de las rosas.

Otras visita innegable para la vista es el Parque de Catalina, una fina imperial rusa que fue desvalijada durante la segunda guerra mundial peor que aun guarda encantos sobre todo en su magnífica construcción y jardines que la rodean, no solo los palacios y museos de esta maravillosa ciudad la hacen un destino imperdible.

En la ciudad también existe una fenómeno que ha sido bautizado como las misteriosas noches blancas, se da al terminar la tarde, cuando el sol se aleja del firmamento e inexplicablemente no aparece la noche, o mejor dicho la noche es blanca. En ese instante que se da entre los meses de junio-julio, las personas salen de sus casas, se visitan los puentes, se observa el mar, los barcos. En esos momentos es cuando San Petersburgo cobra más vida de la que tiene, las noches blancas encarnan el misterio y la belleza inalcanzable.

Foto | ya po guille

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