¿Pueden las redes sociales matar al intermediario turístico?

Los intermediarios turísticos cumplieron una función vital a la hora de conectar proveedores de servicios con clientes pero, en la era de las redes sociales, ¿seguirán siendo imprescindibles?

Logotipos de diferentes redes sociales

El que las redes sociales hayan venido a conectarlo todo y, especialmente, conectar a los grandes distribuidores con el consumidor final es un tema que preocupa a muchos intermediarios turísticos y a algún que otro dueño de Agencias de viaje online de pequeño, mediano y gran tamaño por igual: Las redes sociales acercan la información y las ofertas a cualquier usuario que haya aprendido a utilizarlas y el trabajo de los profesionales parece destinado a la extinción.

No sólo pasa en el turismo a la hora de buscar vuelos baratos a Marrakech o cualquier otro destino, sino en cuanta industria ha visto crecer sus beneficios en base a la falta de contacto del consumidor final a los grandes proveedores, ya sea por desinformación o falta de acceso a los sistemas y tecnologías que se emplean y que, hasta hace algunos años, impedían «puentear» a un intermediario. Ellos eran necesarios.

Pero, hoy. ¿Son necesarios? ¿Indispensables? ¿Son una mejor opción?

Si tenemos en cuenta las 3 funciones primarias, vitales, básicas que cumple un intermediario online de productos turísticos, a saber:

  • Buscar / sugerir (un destino impensado pero adecuado para el viajero).
  • Confianza (el intermediario conoce previamente los productos que ofrece y los recomienda).
  • Distancia (la barrera de la distancia era sorteada por el intermediario que puede vender un destino lejano sin que el consumidor tenga que llamar o visitar al proveedor local).

Un viajero 2.0 seguramente responderá que si puedes igualar los resultados a los dados por un intermediario, aunque sea usando otras técnicas y vías, entonces puedes prescindir de él.

Sin embargo, será necesario comparar para saber si acaso un consumidor final puede o no prescindir de un intermediario:

  • Buscar / sugerir: Ningún buscador de los que se encuentran en la web puede «sugerir» destinos, aunque sí puedes buscar información de sitios que hayas oído por ahí. Si bien se está trabajando en buscadores que utilizan la inteligencia colectiva de una comunidad de viajeros y se ofrecen «resultados» en base a «similitudes» en los perfiles de usuarios, no se trata, en ningún caso, de una sugerencia personalizada. Eso quizás lo veamos en la futura web 3.0, la web semántica.
  • Distancia: la web resuelve el problema de la distancia de una vez por todas y aquí los intermediarios pierden su poderío aunque esto no aplica para destinos rústicos que no cuentan con presencia en la web.
  • Confianza: Algo que preocupa a cuanta empresa turística se encuentra en la web es «cómo construir confianza» con sus usuarios. Algo que todavía no se logra de manera exitosa y que parece estar atado a una volatilidad importante, sobre todo en las redes sociales.

Así, la respuesta parece estar en cada uno de los clientes, dependiendo de sus necesidades, disponibilidad para iniciar búsquedas y, claro, del intermediario con quien cuente para organizar sus viajes.

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