Piura, el eterno retorno

Hay ciudades que tienen un idilio con el tiempo. Piura, ciudad ubicada en la costa del Perú, no es ajena a ese amorío, sus viejas callezuelas atraen tanto a los turistas nacionales como a los extranjeros porque en ellas se guardan tantos recuerdos que colisionan en el presente. La vieja Casa de Grau, máximo héroe peruano que murió en los mares confluye con aquel mundo fantástico representado por los curanderos de las Huaringas, que es tan real, que uno siempre tiende a volver atrapado por la curiosidad. Aquella curiosidad que se inicia por beber un brebaje que te cure del mal de amores hasta limpiarte de toda la mala suerte que llevabas en la vida o allanar el camino del éxito por obra y gracia de un chamán del norte. La misma curiosidad que te hace preguntar por el futuro y en él lo único claro que vez, es que tú volverás a sentarte en aquel mismo lugar porque todo lo que te han dicho ha sucedido.

En Piura también se combinan el cielo azul del Desierto de Sechura con las mágicas bondades de una costa tropical donde se encuentran las mejores playas del país peruano. En su calurosa piel confluyen Cabo Blanco, Colán, y Máncora, lugar obligado de visita. Porque hay que detenerse en Máncora para disfrutar del sol sobre tu cuerpo y conmover la vista con las delineadas figuras de las chicas y los fuertes torsos de los muchachos que acuden en busca del brío de mar. Porque hay que divertirse con la olas que nacen en los más alejado de las orillas y detenerse a observar las acrobacias de hombres y mujeres con su tabla de surf sobre el mar. Porque es una obligación divertirse al caer la noche en sus discotecas bailando hasta cansarse de alegría.

Piura no es solamente diversión, también es asombrarse, y es que hay  ciudades que maravillan con su arte. En Piura se encuentra el poblado de Chulucanas, reconocido a nivel mundial por sus cerámicas. Allí hombres y mujeres le dan forma al barro a través del calor de sus manos, consiguiendo muestras de gran proeza artística. El arte heredado de generación en generación hacen de Chulucanas una envidiable muestra de la destreza que puede alcanzar el hombre si se lo propone. Así como del barro nace el arte, en Catacaos, otro poblado hermoso, el oro es el instrumento mediante el cual los pobladores deleitan a propios y extraños con el manejo de la técnica orfebre heredada de tiempo inmemoriales.

Foto | Theodore Scott

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