Palmira, un oasis romano

Ruinas de Palmira y castillo al fondo
Palmira
(o Tadmur en árabe) es una de las principales atracciones de Siria. En el corazón del desierto y al lado de un frondoso oasis de palmeras, se encuentran los restos de una importante ciudad de la época romana que consiguió su máximo esplendor alrededor del siglo II d. C., aunque desde mucho antes había sido un lugar de parada para las caravanas que hacían la Ruta de la Seda o viajaban del Mediterráneo a la Mesopotamia. La decadencia de la ciudad empezó cuando la reina Zenobia subió al trono después del asesinato de su marido, en el 267 d.C.

A pesar de la inmensidad de las ruinas de Palmira, abarcan 50 hectáreas, en pocas horas muy bien aprovechadas se puede disfrutar de una magnífica puesta de sol en el desierto desde lo alto del castillo, de un amanecer en los restos de la ciudad romana y de una peculiar y encantadora cena.

La fortificación de Qala’at Ibn Maan tiene poco que ver pero merece la pena entrar al atardecer y contemplar desde dentro los preciosos colores del cielo cuando se pone el sol. También son impresionantes las vistas de las maravillosas ruinas de Palmira desde lo alto del castillo.

Para cenar, una buena opción es el curioso restaurante Spring Restaurant (situado en la calle central, Sharia al Quawatli) de estilo beduino, que incluso tiene una «haima» en la terraza superior. El propietario, Mohammad, habla algunos idiomas, entre ellos chapurrea el castellano, e incluso se sabe algunas frases en catalán y en vasco. Una vTemplo de Belelada agradable y económica, en la que podéis aprovechar para fumar una narguile, beber té, comer galletas artesanales, que hace la madre de Mohammad y dejarle una dedicatoria en alguna de las libretas en las que hace firmar a todos sus clientes.

Aunque cueste madrugar, la experiencia de ver la salida del sol en medio de las ruinas romanas recompensa el esfuerzo. Los colores y las tonalidades de las piedras al amanecer no deben perderse. Además, es aconsejable aprovechar para visitar el recinto a estas horas porque, aunque hace un poco de frío incluso en verano, es el mejor momento ya que durante la mayor parte del día el calor es insoportable.

De las ruinas destaca una avenida central con una gran columnata, el tetrapylon, monumento situado en un cruce de la avenida central con cuatro columnas en cada esquina y el ágora. Además, debe visitarse (aunque es uno de los pocos sitios donde hay que pagar) el Templo de Bel, el edificio más completo e impresionante de la ciudad.
Otra curiosidad es el Valle de las Tumbas, una zona llena de torres de diferentes tamaños que albergaban ataúdes en nichos. Sólo se puede visitar una en ciertas horas y hay que comprar las entradas en la taquilla del museo, situado a la entrada de la ciudad moderna.

Fotos: Albert González

Ruinas Palmira

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