El increíble bosque nuboso de Santa Elena

Las laderas de la cordillera costarricense de Tilarán esconden algunos de los más bellos paisajes del planeta. Es el caso del bosque de Santa Elena, donde la continua humedad da lugar a un formidable tapiz verde, residencia de increíbles especies animales.

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La continua humedad del bosque de Santa Elena da lugar a un paisaje realmente espectacular.

Costa Rica es un país que sobresale por su naturaleza. Buena muestra de ello es el bosque de Santa Elena, un tupido tapiz verde que esconde algunas de las más preciadas especies de flora y fauna del planeta. Ello se debe a sus peculiares condiciones climáticas, puesto que se trata de un bosque nuboso. Es decir, que está permanentemente cubierto por una suave niebla, la cual mantiene la humedad del lugar casi al 100% durante todo el año.

A causa de esto, esta zona de Costa Rica (declarada Reserva Natural desde 1992) sorprende a sus visitantes con una densa y siempre verde vegetación que convierte a Santa Elena en uno de los ecosistemas más preciados del planeta. Una situación muy similar a la de la vecina Reserva de Monteverde, también ubicada en las laderas de la Cordillera de Tilarán, que es mucho más conocida y acapara un mayor número de turistas. Pero no por ello es más espectacular. Pese a que también merece la pena conocerla, el bosque de Santa Elena se encuentra en una zona más elevada, lo que le dota de unas condiciones idóneas para albergar una infinidad de especies vegetales, residencia de aves tan espectaculares como el quetzal o el pájaro campana, y de simpáticos mamíferos como los coatíes y los monos capuchinos, entre muchos otros animales.

Así, a menos de tres horas en autobús de la capital San José, y a siete kilómetros de la ciudad de Santa Elena, este bosque nuboso nos sorprende como un auténtico paraíso para la práctica del senderismo. Concretamente, nos ofrece cuatro rutas distintas, a cada cual más espectacular. Las más sencillas son las de El Bajo (2,5 km.) y El Reto Juvenil (1,4 km.), mientras que El Encantado (3,4 km.)  se presenta como la senda ideal para la observación de aves. Por último, Caño Negro es el sendero más largo (4,8 kilómetros), pero, sin duda, el más sorprendente.

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Las pasarelas que atraviesan el techo del bosque nos permiten conocer el lugar desde una distinta y atractiva perspectiva.

Sin embargo, los agradables paseos por la Reserva de Santa Elena pueden resultar demasiado exigentes, debido a la gran densidad de la vegetación. Por ello, para los que quieran conocerla de una manera un tanto más tranquila, se ofrece también la posibilidad de caminar por las alturas. El bosque cuenta con una serie de pasarelas y puentes colgantes que comunican las diferentes zonas de la reserva, permitiendo conocerlo todo desde arriba e, incluso, pudiendo disfrutar, desde una torre (y cuando el día acompaña), de las increíbles vistas de los volcanes de la región. Para los más aventureros, la Reserva de Santa Elena también ofrece rutas en tirolina (o canopy, como es conocida en Costa Rica).

Por último, cabe señalar otras comodidades, como, por ejemplo, que a la entrada de la reserva encontraremos la mejor información para disfrutar del lugar en el centro de visitantes. Junto a él se ubican un restaurante donde reponer fuerzas, y una tienda donde alquilar unas buenas botas que nos permitan aguantar el esfuerzo, siempre bien recompensado, de conocer la magia del bosque nuboso de Santa Elena.

Fotos ggalice  y brockzilla

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