Castillo de Heidelberg, mucho más que ruinas

Un enorme castillo domina las vistas de Heidelberg, encantador enclave del suroeste de Alemania. Sin embargo, está abandonado desde hace siglos. Su belleza es tanta que no importa, pues lleva atrayendo turistas desde el siglo XIX.

Cuando nos hablan de ruinas turísticas solemos pensar en civilizaciones milenarias, como las de los griegos y romanos en Europa, o las de los mayas y aztecas en América Latina. Sin embargo, hay un castillo en Alemania en ruinas que data de tiempos mucho más recientes, pero que restaurado perdería gran parte de su carisma. Pese a estar deshabitado y aparentemente descuidado, es una de las mayores atracciones del país.

Se encuentra en la localidad de Heidelberg, y ni decir tiene que es el principal motivo por el que esta localidad de Baden-Würtemberg recibe miles de visitantes cada año. Claro que también ayuda su magnífico casco histórico, reflejo de la Alemania más tradicional, y el Puente Antiguo, oficialmente denominado Puente de Carl Theodor. La zona también es popular por sus viñedos y por albergar la universidad más antigua del país.

Pero como decíamos, lo que a nosotros nos importa es el castillo. Una joya de estética renacentista que se alza en la ladera de Königstuhl, a 80 metros sobre la ciudad, y que también representa el mayor mirador sobre la misma. Acceder a él es tan cómodo como tomar el funicular que conecta el Kornmarkt con la cima de la ladera, y bajarse en la estación correspondiente.

Allí nos espera un espectáculo de grandes dimensiones, y cuyos orígenes datan del siglo XIII. Sin embargo, la estructura que ahora contemplamos es mucho más reciente, y su elemento más antiguo es el ‘Ruprechtsbau’, encargado por allá el 1400 por el príncipe Ruprecht III.

Durante siglos este lugar fue el hogar de reyes, nobles y gobernantes, y testigo de grandes acontecimientos históricos. Sin embargo, los años también son achaques para las estructuras. A los más accidentales se sumaron, a partir del siglo XVII, las guerras, daños e incendios. A partir del siglo XVIII el castillo cayó en el desuso.

Fueron décadas las que pasó el castillo presidiendo Heidelberg, pero no siendo más que un triste y olvidado recuerdo. Por suerte, alguien fue capaz de descubrir su valor arquitectónico y turístico, y de mostrárselo al mundo.

No, no es cosa de tiempos modernos. El conde francés Charles de Graimberg fue el guardián voluntario del castillo hasta 1822, y residió durante una etapa en el Ala de Cristal. Fue él quién impulsó la primera guía del castillo, elaborada mediante dibujos, y quien lo promovió en las cercanías. Los visitantes empezaron a llegar como moscas, y los artistas se amontonaron para representarlo en sus obras.

Al principio por falta de dinero, y luego voluntariamente, el castillo se fue transformando en algo que «ya estaba bien como estaba». Dicho de otro modo, su personalidad se construyó a base del abandono, y el mantenimiento aún hoy se limita a conservarlo tal y como está. Porque aunque maltrecho, aún es perfecto para acoger un centenar de bodas al año y varias festividades. Entre ellas, un festival de teatro y un baile de ambientación vampírica.

En la web del Castillo de Heidelberg encontraréis toda la información sobre horarios de apertura y precios. Aunque ya os avanzamos que visitarlo es asequible, y que existe una entrada combinada de 5€ que incluye el viaje en funicular y el acceso al Museo de la Farmacia, ubicado en el interior del recinto.

Foto: Badboy of Maths.

Valora esta noticia: 1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (0 votos, media: 0,00 de 5)
Loading ... Loading ...