Cartagena Romántica y colonial


Las murallas que rodean a la vieja Cartagena, secas y amarillentas e impregnadas de olor a coloniaje que te relatan leyendas mágicas, evitan que la ciudad descubra el paso del tiempo, en sus antiguas callejuelas aun se oyen cuentos de corsarios cojos con cara de malos, negros esclavos, brujos herejes, inquisidores de hoguera.

En sus plazas, antiguos conventos y casas señoriales se se percibe algo fantástico, es la historia que a gritos te insinúa vestirte con traje de buzo para descubrir las aventuras que desde el año 1533, sobrevinieron en este atractivo lugar.

Cartagena de Indias, a partir de ahí, se transformó en una costa clave del imperio español en América, necesaria para el intercambio comercial, afianzado el tráfico de especias y costosas mercancías, de su puerto partian galeones con oro rumbo a Europa y esta actividad no tardó en despertar el apetito de los ambiciosos piratas que descubrieron la tierra prometida de sus nuevos saqueos.

La Torre del Reloj se ubica en la entrada al casco antiguo; el viajero recorrerá a pie para luego perderse en sus calles angostas es la antesala para descubrir esta ciudad, la cual fue declarada Patrimonio Histórico y Cultural de la Humanidad por la Unesco, que deambulan tanto de día como de noche, miles de vendedores, en las veredas de la vía Badillo y del Tablón, en un mercado cohabitan traperíos, puestos de fruta, calzado y hierbas o en las bóvedas, que en otros tiempos sirvieron para abrigarse de las bombas enemigas, funcionan actualmente almacenes de esmeraldas engarzadas en piezas de oro.

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