Bamberg, el patrimonio alemán que sobrevivió a la guerra

Esta localidad de la Franconia ha sobrevivido casi intacta el paso de los siglos. Hoy es una exposición sin igual de arquitectura religiosa y burguesa.

Bamberg, en Alemania

Un paseo por el centro de Múnich es una experiencia entre edificios típicos de Baviera y muestras arquitectónicas tan bellas como las del Ayuntamiento o la Catedral. Sin embargo, mucho de este patrimonio fue reconstruido tras la Segunda Guerra Mundial con dinero procedente del bando occidental. Lo que observamos es bello, y transmite ese ambiente alegre y bucólico tan típico de Múnich. Pero en gran parte suma apenas unas décadas de antigüedad.

Bamberg es una pequeña localidad al norte de Núremberg, en el territorio de Franconia. Durante siglos fue una de las principales sedes religiosas del país, y por tanto, testigo de grandes movimientos artísticos y culturales. Guste o no, en el medievo era la Iglesia la que movía el dinero para construir auténticas obras de arte a modo de edificios y patrimonio.

Este municipio tuvo la suerte de sobrevivir casi intacto los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. Ningún conflicto bélico tiene como principal objetivo los enclaves pequeños, y esa fue su gran baza. Lo que se observa hoy por el entramado de callejuelas del centro de Bamberg, en su mayoría peatonales, lleva siglos en pie y es muestra de un pasado opulento y próspero.

En Bamberg destaca la abundancia de edificios religiosos, con especial mención a la Catedral. Un edificio de estilo románico del siglo XI, aunque tomó gran parte de su apariencia actual en el XIII, y que alberga los restos del Rey Enrique II y el Papa Clemente II. También dos residencias episcopales, la Antigua y la Nueva, y varias colegiatas históricas.

Semejante acumulación de edificios religiosos le ha valido a Bamberg la denominación de ‘Roma Franca’, pues en su día era uno de los centros neurálgicos del poder político y religioso del catolicismo en Europa. Y como la fascinante capital italiana, Bamberg también se alza entre siete colinas que han marcado su desarrollo y su historia.

La localidad también fue testigo del auge de la burguesía, por lo que también son comunes los edificios y palacios de gran belleza arquitectónica. La frontera entre sus dominios y los eclesiásticos la marca el Ayuntamiento. Según cuenta la historia, las autoridades católicas se negaron a ceder un ápice de terreno para la construcción del máximo edificio municipal. Se decidió así construirlo con madera en el centro del río. Aún hoy se alza sobre las aguas del Regnitz, convirtiéndose en una de las atracciones obligadas en la zona.

Pero no solo de clase adinerada se sostenía Bamberg. A orillas del río también encontramos una zona de pequeñas casas de pescadores y pequeños embarcaderos. Es lo que se conoce como ‘Pequeña Venecia’. Y en los alrededores de la localidad, bastos terrenos que durante siglos se han utilizado al cultivo agrícola y vinícola. Sus casas tradicionales regalan un paseo amable por las afueras.

Por todo ello, y puede que por más, el centro histórico de Bamberg es Patrimonio de la Humanidad desde 1993. Y una visita recomendable y asequible en un viaje por Baviera, Núremberg y tierras francas.

Foto: Qole Pejorian.

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