Adentrándonos en la península de Crimea

La península de Crimea es todo un festival de paisajes y un lugar estratégico que ha tenido un gran valor a lo largo de la historia. Territorio agitado que las ha vivido de todos los colores, la mezcla cultural es una de sus principales características. Y aunque en su mayoría su población es rusófona, en sus calles también oíremos ucraniano, griego o alemán, entre otros muchos idiomas producto del valor turístico de algunas de sus principales ciudades, como Yalta.

Aunque Ucrania comparte dominios en el Mar Negro con sus vecinas Rumania, Bulgaria, Turquía, Georgia y Rusia, sólo ella tiene el honor de poseer el enclave más preciado del lugar. La península de Crimea es todo un festival de paisajes y un lugar estratégico que ha tenido un gran valor a lo largo de la historia. Territorio agitado que las ha vivido de todos los colores, la mezcla cultural es una de sus principales características. Y aunque en su mayoría su población es rusófona, en sus calles también oíremos ucraniano, griego o alemán, entre otros muchos idiomas producto del valor turístico de algunas de sus principales ciudades, como Yalta.

El castillo que preside la silueta de Yalta y sus alrededores


La principal ciudad de Crimea es Sebastopol. Una localidad que, pese a su ubicación, está bajo dominio administrativo ruso. Esta situación ha sido motivo de más de una disputa en el parlamento ucraniano, siempre a expensas de esa relación de amor- odio que aún mantiene con su vecina del este. Marcada por el asedio durante la Segunda Guerra Mundial, hoy en día Sebastopol combina los monumentos a los caídos en el conflicto armado con la explosión turística, sobre todo procedente de la madre Rusia. Aguas cristalinas, playas y ambiente 100% turístico en el que no faltan los sombreros marineros típicos del lugar. Por sus alrededores circula el trolebús con mayor recorrido del mundo, con 90 km de trayecto.

Igual de imprescindible en Crimea, e incluso más turística, es la ciudad de Yalta. Su silueta la preside el Nido de Golondrina («Lastivchyne hnizdo» en ucraniano), un castillo aparentemente centenario que, sin embargo, apenas suma el siglo de antigüedad. De estilo neogótico, fue construido en 1895. Y en sus inicios era de madera, hasta que el barón germánico von Steingel lo sustituyó por el edificio actual. Yalta se encuentra protegida por un cinturón de montañas que se convierte, además, en una ruta imprescindible para el visitante. Muy cerca, en la localidad de Alupka, se encuentra el palacio de Voronstov.

Además de las dos ciudades principales, también es imperdible en Crimea el curioso pueblo tátaro de Bakhchisaray, presidido por el magnífico Palacio musulmán del Khan, camino de convertirse en Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y el Monasterio de Uspensky. Sudak y su fortaleza genovesa también son dignas de detenimiento.

Sea como sea, y vayamos por donde vayamos, el mismo ambiente que se respira en la zona, al más puro estilo turismo eslavo, también resulta pintoresco de ver para cualquier visitante que se deje caer por allí. Más allá de lo paisajístico y del legado histórico, las diferencias culturales también brillan en Crimea con todo su esplendor.

Fuentes: Hispavista y Mis viajes por ahí.

Foto: Swallow’s Nest Castle Yalta por d_proffer en Flickr.com.

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