Sur de Portugal

Portugal es posiblemente uno de los países con los que más puntos en común tenemos, aunque sólo sea a fuerza de compartir un mismo espacio geográfico. Una península que sirve de hogar a 58 millones de personas, que se dice pronto. Pero a pesar de ser Portugal nuestro vecino más cercano, a menudo se le mira con cierta distancia la mejor de las veces, cuando no por encima del hombro. Quizás sea esta la razón por la cual existe aún un desconocimiento mutuo bastante grande, de alguna manera como si estuviéramos sentados espalda contra espalda, cada cual mirando embobado hacia su mar.

Por eso hoy nos proponemos traspasar esa frontera y hacer una incursión en una tan bella como importante región del país vecino; un territorio que hoy en día constituye el principal destino turístico de Portugal, con casi 9 millones de visitantes al año, y por tanto una parte fundamental de su economía, pero antes que eso es también una región próspera y rica en su historia y en su cultura, en definitiva, una tierra orgullosa de su pasado en el que llegó a ser incluso un reino propio, reconocido jurídicamente durante muchos siglos aunque eso no le supusiera en la práctica ningún tipo de autonomía. Hablamos, cómo no, del Algarve, y lo que sigue pretende ser un retrato de la zona más al sur de Portugal. Su historia, sus costumbres, sus gentes; en definitiva, pasado y presente entremezclándose y mirando de frente al futuro.

Sur de Portugal

Mapa del siglo XVI que muestra el Reino de Algarve.

Algarve es una palabra que viene del término árabe al-Garb, que significa ‘el occidente’, puesto que estas tierras fueron las más occidentales de Al-Ándalus durante los casi ocho siglos que se mantuvo el dominio musulmán de la Península. Durante dicho período fue el centro más importante de la cultura, ciencia y tecnología islámicas en tierras del actual Portugal. Su capital era en aquel momento Silves, que se constituyó en una taifa propia a la caída del Califato para después pasar a depender de la de Sevilla, mientras lo que quedaba del ‘Algarve histórico’ pasaba a depender de Huelva. Almorávides y almohades volverían a integrar ambas taifas en Al-Ándalus, con interregnos de taifas, hasta que finalmente el rey Alfonso III consiguiera conquistar definitivamente el todo el Algarve.

Este rey fue el primero en proclamarse ‘Rey de Portugal y del Algarve’ siguiendo la costumbre de los monarcas ibéricos de adjuntarse sus conquistas a su nombre en forma de títulos. Esta invención sirvió de base para la creación de iure de un reino propio que en realidad jamás dejó de estar integrado en el país puesto que de hecho no presentaba ninguna particularidad diferenciadora para con el resto de Portugal. Pero desde entonces, al Algarve se le reconoció jurídicamente como reino hasta una fecha tan cercana como 1910, cuando se disolvió definitivamente. Hasta entonces, Portugal se llamó en distintos momentos de su historia ‘Reino de Portugal y de los Algarves’, o bien ‘Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve’, pero siempre incluyó de un modo u otro a este territorio sureño.

Si bien, como hemos dicho, este hecho no les valió a sus habitantes para desarrollar una identidad diferenciada, como mínimo sirvió para una cosa; en la actualidad, esta región del sur de Portugal es la única de todo el país que está perfectamente definida y delimitada. Así pues, el Distrito de Faro en el que está integrada administrativamente coincide plenamente con los límites de la provincia histórica del Algarve, por lo que no se da lugar a ninguna confusión o discordancia entre territorio y división administrativa. Se podría decir que es la máxima heterogeneidad en un país política y culturalmente muy homogéneo.

El sur de Portugal es también su principal destino turístico; el patio de recreo del país, por decirlo de alguna manera. Sus playas de arena fina y dorada y sus aguas más cálidas que en cualquier otro punto de la costa atlántica hacen las delicias de sus asiduos veraneantes, pero sus principales activos son sobre todo su clima suave y su gran variedad paisajística. En este territorio más que en ninguno el mar juega con la línea de la costa y la hace bailar al son que toca; ahora roca viva de difícil acceso, ahora amplia playa serena, ahora pequeño y acogedor arenal, ahora mar brava, y así.

Sur de Portugal

La costa del Algarve presenta una variedad paisajística incomparable. Imagen: Hugo Cadavez

Portugal hace muchos años que vio el filón que esto suponía y lo explotó con maestría optando por un modelo de sol y playa pero diseñado para clientes de alto poder adquisitivo. Construyó enormes complejos hoteleros de lujo e innumerables campos de golf y acabó convirtiendo la región en un paraíso terrenal para millonarios comparable con el glamour de Montecarlo o las exóticas playas caribeñas. Sin embargo en la trastienda de la industria turística aún sigue quedando la esencia del Algarve auténtico.

Por ejemplo, la ciudad de Lagos, además de ser un lugar de una singular belleza por sus casas bajas y coloridas junto a un precioso paseo con palmeras a la orilla del mar y sus playas de anuncio de agencia de viajes, también fue el lugar donde los ingleses, con el famoso pirata Francis Drake a la cabeza atacaron a los españoles, que entonces poseían también Portugal. Fue aquí también donde el francés Tourville hundió 80 buques de la flota anglo-holandesa de Rooke en el siglo XVII.

Sur de Portugal

Ejemplo de chimenea típica del Algarve. Imagen: Jose Luis Agapito

Acaso el aficionado al spa no repare en la curiosa tradición algarveña de blanquear con cal las chimeneas y decorarlas profusamente con motivos y formas arabescas. Este es además uno de los principales símbolos de esta región. Antiguamente el maestro de obras solía preguntar al dueño de la casa: ‘¿cuántos días de chimenea quiere?’ Los días que se tardaba en construirla marcaban el valor de la chimenea. Las hay de todo tipo: representan casas en miniatura, torres de reloj o pequeños minaretes. A pesar de la impresión que nos podemos llevar al verlas, esta tradición no comenzó hasta doscientos años después de la reconquista cristiana.

Quizás el entusiasta del golf no disponga de tiempo para recorrer la historia del Algarve, partiendo del majestuoso Dólmen de Piedra y recorriendo olvidadas vias romanas hasta la Villa de Milreu. Puede que tampoco guste de admirar la riqueza cultural del floreciente al-Garb califal a través de la gran influencia arquitectónica de su legado, aún muy presente en el estilo de sus construcciones. Y tal vez no llegue nunca a bailar al son de acordeones y triángulos, ni escuche leyendas de moras encantadas o príncipes desaparecidos en las costas de África de boca de sus gentes. Tampoco tendrá tiempo, quizás, de buscar la suave brisa de las noches de verano, ni de pasear las históricas calles de la impresionante Faro, que pensará toma el nombre de la luz que guía a los marineros y errará en su profundo desconocimiento. En resumidas cuentas, habrá estado en el Algarve como podría haber estado en cualquier otro sitio.

Imágenes| Flickr: Costa, Chimenea  Wikipedia: Mapa,

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