Mojácar vive suspendida en el tiempo

Mojácar es una de esas ciudades de Andalucía con un marcado pasado árabe que le otorga ese encanto tan especial. Además, cuenta con unas playas de gran calidad.

Las estrechas y blancas calles de Mojácar destilan aire mozárabe

Reconozco que soy un fanático de los lugares dónde puedo disfrutar del paso de la historia y de las huellas que ha dejado impregnado en sus calles y sus casas. Pero bueno, que si además puedo disfrutar de unos días de playa y de diversión, mejor que mejor. Y Mojácar me ofrece todo esto y más. Por eso no dudé en reservar un hotel en Mojácar, cerca de una de sus mejores playas, la del Palmeral, que cuenta con la Bandera Azul.

Lo primero que percibimos al ver Mojácar es su blanco radiante. Las formas redondeadas de los remates de sus casas, las cúpulas, los minaretes, las escalinatas, los juegos de sombras y luces, completan un conjunto armónico. Para visitar esta localidad hay que olvidarse del coche y disfrutar del encanto de su medieval arquitectura Árabe. Si nos colocamos en el Mirador de la Plaza Nueva, dominamos una impresionante vista del Valle de las Pirámides, desde aquí, podemos ver cómo Mojácar la Vieja, primer asentamiento prehistórico de Mojácar, se sitúa junto al río aguas, el cual desemboca en la laguna, espacio natural protegido, en la playa de Mojácar.

Es imprescindible recorrer el antiguo barrio judío, de laberínticas calles, llenas de encanto, o bien  descender por la Cuesta de la Fuente, bellísima y empinada calle que nos conduciría,  por el camino antiguo hasta la Fuente mora, remodelada en este siglo, las mujeres aún lavan al atardecer, a la antigua usanza sus ropas a mano.

Como curiosidad merece la pena observar la estatua a la Mojaquera, realizada en mármol blanco, ataviada con el traje típico, sostiene el pañuelo árabe con los dientes y porta el cántaro que se utilizaba para, desde la Fuente, abastecer las casas de agua. Otro de los atractivos turísticos es la Puerta de la Ciudad, puerta de la Almedina como reza su inscripción árabe. Con un arco de medio punto, y realizada en 1574, que sustenta el escudo de Mojácar, con el águila bicéfala de la casa de los Austria, premio a la lealtad demostrada en la batalla de 1488.

Sin olvidar, claro está del amplio litoral del Mojácar, que ofrece a los visitantes la posibilidad de elegir entre playas cercanas a zonas habitadas, con todos los servicios, con amplia banda de arena y oleaje moderado, y una serie de calas silenciosas, pequeñas, apartadas de las zonas urbanizadas, totalmente vírgenes y de gran belleza.

Fotografía: Euphi

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