Los cruceros fluviales, una gran opción de conocer Europa Central

Una buena forma de conocer algunas de las ciudades centrales más interesantes es mediante los cruceros fluviales como en el que se visita entre otros lugares, la capital de Hungría, Budapest, Esta ciudad tiene lugares de gran interés turístico

Desde hace tiempo que un compañero de trabajo me habló de las maravillas de los cruceros fluviales, una forma diferente de conocer el interior de Europa gracias a los ríos más caudalosos y que permite la comodidad de estar visitando varias ciudades que vieron hace siglos en los ríos un lugar perfecto para crecer las poblaciones. Es, en otro orden de cosas, una posibilidad de visitar ciudades del interior de Europa que difícilmente con otro medio sería tan fácil como con un crucero fluvial.

Bellísima imagen nocturna del espectacular Puente de las cadenas de Budapest

A pesar de que sea para muchos de nosotros, un tipo de viaje no excesivamente conocido pero que ofrecen varias opciones a escoger: cruceros por el Danubio, por el Volga e incluso por el Guadalquivir. Sinceramente, no he podido evitar que me seduzca el gran Crucero por el Danubio II en el que en 8 días se hace un recorrido digno de gourmets: Budapest, Bratislava, Viena, Dürnstein y Linz. Cinco ciudades de tres países de Europa Central, de las que cada una de ellas ya se merecería un viaje individual para visitarlas.

De ellas, las dos joyas son Budapest y Viena. Aunque no hay que quitarle interés real a Dürnstein, Linz y sobre todo Bratislava (con su centro histórico en el que destacan el Castillo de Devin, tres Palacios, el de Primacial, el de Palffy y el Presidencial).

En todo caso, siento una devoción por la capital de Hungría, Budapest. Es una capital europea histórica, por lo que hay muchos puntos de interés que merecen la pena visitar. Si me lo permitís, me centraría en tres lugares de esos que podríamos indicar que son de obligada visita. El primero de ellos es el Parlamento de Budapest. Sí, aunque no te guste la política o no te interese, su edificio es, quizás, el más representativo de la capital húngara y el tercero más grande del mundo (solo superado por el de Rumania y el de Argentina).

En cuanto a estética, creo que es el más bello del mundo. Se erigió entre 1884 y 1902 y su construcción fue noticia a nivel internacional tanto por su majestuosidad, 691 habitaciones, 268 metros de longitud y 118 metros de ancho, como por su inigualable perfección que fue posible gracias al poder que tenía el país en los inicios del siglo XX.

Poco tienen que envidiarle el Castillo de Buda y el Puente de las Cadenas; ambas atracciones turísticas por antonomasia y que confiere a Budapest ese aire de majestuosidad y señorial tan propio de una de esas naciones que dominaron Europa a nivel económico y cultural.

Fotografía: Paul Mannix

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