La playa de Mataleñas en Santander

PLAYA DE MATALEÑAS

La ciudad de Santander, en la región cantabra, es un enclave turístico indispensable cada año para millares de visitantes procedentes de Alemania, Francia o Inglaterra, vecinas europeas que encuentran en las playas de la capital de Cantabria espacios generosos que ofrecen la claridad agradable de sus aguas saladas y la impecable limpieza de sus arenas ligeras. Playas, todas ellas, que nos recuerdan que nos movemos entre los límites de la península. Acantilados de película se mezclan en perfecta armonía con los mares bravíos del norte.

Prototipo de ciudad turística de época estival, Santander reúne las características propicias de hospitalidad y belleza histórica que tanto agradan a los turistas. Además de contar con importantes iglesias, estatuas o monumentos; la ciudad, se abre hacia el mar, otorgando a sus invitados una alternativa irrechazable.

Matañelas, es el nombre de una de sus playas más concurridas. Encajonada entre el Cabo Menor y el Cabo Mayor, la playa se transforma en una cala al abrigo de altos acantilados. Para acceder a ella se debe vencer una escalinata de 153 peldaños. A pesar de este inconveniente, más problemático a la hora de subir, la playa muestra un mar calmo que vence terreno a la costa. También se aúnan allí, el verde de la vegetación con el azul diáfano del agua salada.

Paradisíaca desde arriba, Mataleñas supone una evasión necesaria para las personas que buscan la ansiada tranquilidad y el merecido reposo de las vacaciones. La playa incorpora también un servicio de socorristas y varias duchas. Todo ello se completa con una estampa típica de cualquier playa de Santander: jóvenes y ancianos jugando a las palas durante largas horas.

Pero esta zona propia de la capital cántabra incorpora también el Parque de Mataleñas con numerosas zonas de descanso y paseos, así como de un campo de golf, los dos camping de la ciudad y un Ecoparque, recién estrenado, en el que los interesados pueden lanzarse por tirolinas y pasar un buen rato de ocio.

Una de las paradas obligatorias es también el hermoso faro que corona varios acantilados que descienden hacia el mar, más bravío y rebelde aquí que en la playa de Mataleñas. Los alrededores del faro dibujan bellos miradores que nos recuerdan, una vez más, que nos situamos en el límite norte de nuestra península, donde los mares golpean con constancia los bajos pedregosos de los acantilados en un placer deleitoso tanto para nuestros ojos como para nuestros oídos. Una muestra de naturaleza sana y amable, que es motivo de inspiración para aquellos que logran involucrarse de manera incondicional con el medio ambiente para admirar una belleza verdadera, cuya creación sólo esta alcance de las manos de la Madre Naturaleza.

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