La cultura lisboeta

La cultura también tiene su espacio destacado en Lisboa, dónde hay algunos museos de primer orden internacional y sobre todo con los fados y los azulejos en la calle

Los azulejos en Lisboa son un medio para plasmar arte

Una voz profunda entonada casi en un desgarro rompe la noche estrellada. Es un fado. Es Lisboa. Una ciudad reinventada por un terrible terremoto pero que transpira magia en cada una de sus calles y en sus tejados, tan particulares que tan sólo verlos ya identificamos el lugar de su procedencia. Puede que no sea la ciudad más cosmopolita ni la más tradicional ni la más moderna, pero los viajes a Lisboa no quedan en saco roto, sino que se quedan para siempre en la memoria de quien pone sus pies en sus adoquines de mosaicos y admira sus paredes con artísticas piezas de azulejos.

Como decía la capital de Portugal quizás no sea la más destacada en alguna faceta, pero en su conjunto la convierten en un lugar difícil de olvidar. Uno de los aspectos que menos se valoran cuando se visita esta ciudad es su bagaje cultural, y es una pena porque tiene algunos museos y centros culturales de primer orden mundial, principalmente relacionado con la época colonial. Y aquí el Museo de Arte Antiguo es su principal referencia.

En su interior se podrá encontrar los Paneles de Sao Vicente Fora, considerado como uno de los retratos colectivos más importantes de Europa; o el famoso tríptico realizado por el genio de El Bosco titulado Tentaciones de San Antón; son sólo un par de ejemplos que ya son razones más que importantes para obligar la visita, pero dejadme que os diga que hay muchas más joyas artísticas.

Otros museos destacados están localizados en la población lisboeta de Belém (sí la de los famosos pasteles, ya tienes otra excusa para coger un autobús hasta allí). El primer es el Museo Berardo, importante muestra de arte contemporáneo, y el segundo, y muy original, es el Museo de Carruajes, dónde podremos observar la mejor colección de este tipo de transporte tan utilizado durante siglos. Destacan por su tamaño y belleza, tres carrozas de la embajada portuguesa durante una visita al papa Clemente XI. Aprovechando la visita a Belém, sería imperdonable no disfrutar de algunos de los monumentos más famosas de Portugal: la Torre de Belém y el Monasterio de los Jerónimos.

Pero el arte está presente en Lisboa no sólo en edificios o en museos, sino en la calle y en el metro. Sí, en las estaciones de metro de la ciudad las paredes están decoradas con azulejos creando auténticas obras de arte. De verdad es una recomendación y seguro que os sorprenderéis con la calidad y originalidad de algunas. Como muestra un botón: el famoso conejo que siempre llega tarde del cuento de Alicia en el País de las maravillas, pero tendrás que descubrir en qué parada está. ¿O te lo piensas perder?

Fotografía: Morgaine

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