Escalando Montmartre

Basílica del Sacre-Coeur

Montmartre, antigua comuna francesa anexionada a París en 1860, es actualmente uno de los barrios de mayor encanto de la ciudad. Situada en la colina más alta de París, su cima ofrece una vista inmejorable de los kilómetros y kilómetros de ciudad que, desde allí, abarca la mirada. Conocido por ser barrio de pintores y bohemia en un pasado no muy lejano -y, más recientemente, por ser el barrio de Amélie Poulain– hoy se acumulan los retratistas y caricaturistas en la su place du Terte.

No obstante, y tal vez por ser el punto más visitado del barrio, esta plaza ha perdido gran parte del encanto que, en mayor o menor medida, puede conservar todavía Montmartre, que sigue siendo, ante todo, un barrio propicio al callejeo.

Saliendo del metro de la place Blanche (y tras contemplar el Moulin Rouge que se encuentra a su salida) dejaremos atrás un Pigalle canalla de luces rojas, adentrándonos por las calles serpenteantes que llevan a la plaza del Tertre y al Sacre-Coeur, blanca e imponente basílica que preside la colina, y a la que acude el turismo en peregrinación. Desde allí se domina la inmensidad de Paris.

Es tal vez interesante reseñar un dato de la historia de la construcción de este templo suele pasar desapercibida al visitante, dado que las guías turísticas suelen pasarla por alto: la iglesia fue levantada en recuerdo de las víctimas de la guerra franco-prusiana y con el fin de “expiar los crímenes y pecados de París”, es decir, los de la Comuna de 1871, calificada por Kart Marx como la primer insurrección proletaria de la historia.

Al caer de la tarde, el visitante puede acercarse al nº 23 de la rue Gabrielle, donde se encuentra el bar “Au rendez-vous des amis”, en el cual, rodeado de buen ambiente y a veces de música en directo, podrá disfrutar de la cerveza, el vino y la buena compañía.

Fotografía: Olivier Bruchez

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