El Madrid de Almodóvar

Un paseo por las películas del director Pedro Almodóvar nos ofrece su particular visión de la capital española y nos permite descubrir lugares muy especiales.

Madrid ha sido el escenario preferido de las películas de Almodóvar.

Aunque siempre es bueno añadir alguna que otra para aquellos que no han recorrido sus calles con ese encanto único de una ciudad que sabe recibir al visitante con los brazos abiertos. Además, la capital española ha sido protagonista secundaria, sino principal, de numerosas películas que han querido reflejar sus calles, sus edificios como escenario especial de sus historias filmadas. ¿Quién no recuerda la impactante secuencia de la Gran Vía madrileña completamente desierta en Abre los ojos, del oscarizado Alejandro Amenábar?

Si bien es cierto que han sido muchísimos los directores que han querido utilizar el plató vivo de Madrid en sus películas, hay uno que destaca por encima del resto tanto por la calidad cinematográfica de sus obras, como por la cantidad de ocasiones en que las calles madrileñas han sido filmadas. Estamos hablando, sin duda, del manchego y madrileño de adopción Pedro Almodóvar. Tal ha sido el enamoramiento mutuo que incluso existe entre ambos, que se podría realizar una ruta basándonos en los escenarios de las películas del manchego y que podría servirnos a las mil maravillas para conocer Madrid.

Lo primero sería lograr uno de los muchos chollos de vuelos a Madrid que aparecen frecuentemente. Después, ponerse un calzado cómodo y comprar un bono de metro. Nada mejor que empezar por sus primeras películas, aquellas que empezaron a darle un nombre destacado. Por ejemplo en Mujeres al borde de un ataque de nervios, quiso que los espectadores vieran a la Gran Vía con el edificio de Telefónica bien visible. Además, el cine ofrece la posibilidad de ver la evolución de una ciudad tan viva como es Madrid, ya que poco antes de convertirse en el barrio gay por excelencia, Chueca era el centro de los yonquis y el trapicheo, como comprobó Antonio Banderas en Átame (1989).

Pero hay mucho más, por ejemplo en algunas escenas de La flor de mi secreto, la escritora Marisa Paredes vivía en el entorno de la Plaza de la Paja y el recordado zapateado de Juan Echanove lo hizo sobre el suelo de la imprescindible Plaza Mayor. Pero no siempre mostraba la ciudad moderna y exitosa, sino que también ha tenido tiempo para los perdedores. Así, en Carne trémula, quiso reflejar el contraste por excelencia con  La Ventilla, un barrio de chabolas ruinosas y a punto de ser derribadas, que estaban situadas a los pies de las modernas torres  inclinadas de la Plaza de Castilla.

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