Cisterna Basílica, la catedral subterránea de Estambul

Una visita imprescindible que se esconde al ojo del viajero. Esta catedral subterránea, antaño depósito de agua, cuenta con unos 10.000 m2 y se sostiene gracias a más de 300 columnas.

Muchas cosas se esconden bajo el suelo que pisamos. Las sucesivas civilizaciones de la historia han ido construyendo sobre construido, dejando bajo de los cimientos de sus ciudades contemporáneas los restos de aquello que fueron en el pasado.

Ninguna urbe europea se libra de este fenómeno. Pero lo curioso es que no todo lo que quedo bajo tierra desapareció. Es más, hay joyas para las que encontrarse bajo el asfalto ha sido toda una suerte. Es el caso de la Cisterna Basílica, una de las atracciones más curiosas de Estambul.

Esta cisterna, como su nombre indica, estaba pensada para proveer de agua la ciudad. Fue construida durante la época bizantina, en el año 532, por el emperador Justiniano, quien a su vez ampliaba la estructura construida antes por Constantino. La alternativa a este espacio era el acueducto, y de hecho eran acueductos los que llevaban agua hasta la cisterna. Sin embargo, este enorme espacio escondido era menos vulnerable en caso de asedio.

Tan poco vulnerable era que ha sobrevivido hasta hoy. Con sus casi 10.000 m2 de superficie, sus 336 columnas y sus 9 metros de altura. Tanta majestuosidad hace que muchos la llamen el «Palacio Sumergido». Y es que, lejos de ser una mole impersonal, presenta miles de detalles dignos de atención.

Estos detalles se han mantenido gracias a múltiples restauraciones. Las primeras se llevaron a cabo en los siglos XVIII y XIX, y las más recientes ya en el siglo XX. La última, producida entre 1985 y 1987, adaptó la cisterna a la llegada del turismo.

Y así es como el agua pasó a estar siempre a niveles muy bajos. Y como se instalaron pasarelas de madera para permitir que los visitantes contemplaran la belleza de este lugar. Gracias a ello a día de hoy es una visita cómoda e interesante que nos espera a unos 100 metros de Santa Sofía y tras bajar unos 50 escalones.

Una vez allí, hay un detalle que llama mucho la atención y que nadie debería pasar por alto. Se trata de los dos bloques tallados con la cabeza de medusa y situados bajo dos de las columnas. Dicen que se encuentran boca abajo para impedir que este ser mitológico, capaz de convertir al humano en piedra con solo mirarlo, pudiera usar su poder.

Leyendas a parte, la presencia de Medusa está muy relacionada con la extracción de piedra de templos paganos de Anatolia para la elaboración de la Cisterna Basílica. Algo que se puede contemplar en muchos otros matices, y que nos espera desde hace siglos bajo las bulliciosas calles de Estambul. Un motivo más para descubrir esta fascinante ciudad.

Foto: LWY.

Valora esta noticia: 1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (0 votos, media: 0,00 de 5)
Loading ... Loading ...