Desfiladero de Pancorbo y Montes Obarenes

Al cruzar la llanada de Miranda de Ebro en dirección al País Vasco sorprende la repentina aparición de paredes abruptas de roca. Es como si en cuestión de segundos cruzáramos kilómetros de territorio producto de un salto espacio-temporal. Así es como el desfiladero de Pancorbo parece alzarse de la nada. Y genera tal impresión que es imposible abandonar la ruta y no adentrarse en sus misterios, en busca de lo que pueda albergar.

Al cruzar la llanada de Miranda de Ebro en dirección al País Vasco sorprende la repentina aparición de paredes abruptas de roca. Es como si en cuestión de segundos cruzáramos kilómetros de territorio producto de un salto espacio-temporal. Así es como el desfiladero de Pancorbo parece alzarse de la nada. Y genera tal impresión que es imposible abandonar la ruta y no adentrarse en sus misterios, en busca de lo que pueda albergar.

Tejados de Pancorbo frente a las paredes del desfiladero

Pancorbo se presenta como un pequeño entorno rural, de apenas 500 habitantes, que precede y hace las veces de puerta de entrada al desfiladero. La mejor manera de adentrarse en el mismo es hacerlo por la N-I, que une Madrid e Irún. Cruzaremos por un túnel que parece el acceso a un castillo y frente a un bucólico puente ferroviario. También a tocar de una pequeña ermita cuyo campanario se encuentra en las alturas, sobre una roca del desfiladero. En definitiva, pasaremos de un entorno clásico castellano a un paisaje que parece sacado de la alta montaña, aquella que la mano del hombre apenas ha deformado con el paso de los siglos por falta de interés, y entre muros de más de un centenar de metros de altura.

El desfiladero de Pancorbo es producto del paso del río Oroncillo por los Montes Obarenes, conformando una estrecha garganta. El entorno cercano forma parte del Parque Natural de Montes Obaranes- San Zadornil. El principal atractivo de este rincón protegido son precisamente sus múltiples desfiladeros, producto del paso de ríos como el Ebro, el Oca o el Purón, así como una gran variedad de flora y faunta. Esta sierra, que sirve de enlace entre la Cordillera Cantábrica y los Pirineos, también es el hogar de otros pueblos muy atractivos, como Frías u Oña, que se salpican con un buen número de construcciones medievales, como castillos o ermitas.

Y hablando de castillos, en el monte que conforma desfiladero se encuentran aún los restos del castillo de Pancorbo, uno de los escenarios claves de Castilla durante la época medieval. Considerado la puerta del Reino, fue motivo de intensas batallas entre árabes y cristianos. A día de hoy poco queda de él. Solo un pequeño puente y parte del muro.

En una ruta por Castilla y León, ya sea en dirección al País Vasco, al corazón de la Meseta o a tierras gallegas, asturianas o cantábricas, Pancorbo siempre está de paso y es una parada interesante en el camino. Recordad su ubicación, a tocar de Miranda de Ebro, para topar con este pueblo en el momento preciso.

Foto: Pancorbo, tejados por txafer en Flickr.com.

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