Bugarach, el pueblo que sobrevivirá al fin del mundo

Si estás en este pueblo del Pirineo Francés el 21 de diciembre, te salvas del fin del mundo. Así lo apuntan muchos rumores, tanto que la llegada de visitantes al municipio se espera masiva para esa fecha.

Hace poco explicábamos en un artículo que la presunta profecía que anuncia el fin del mundo había despertado la afluencia de turismo en Cancún y la Riviera Maya. El motivo era sencillo: como la teoría apocalíptica se atribuye a los mayas, nada mejor que pasar el día 21 de diciembre, fecha estipulada para el evento mortal, lo más cerca posible de esa civilización. «Mal, mal», pensarán algunos. Y es que nadie ha dicho que esto salve de la muerte, aunque tampoco sabemos si es lo que buscan los turistas.

En cualquier caso, y según los rumores que circulan por la red, solo hay un modo de librarse de la hecatombe. Se trata de estar en el pequeño pueblo de Bugarach, en el sur de Francia, en el día crucial. Y aunque dicho de sopetón pueda sonar arbitrario y absurdo, esta idea ha cuajado tantísimo entre la audiencia internauta que el edil del municipio espera una afluencia masiva de visitantes para esa fecha. Tan masiva que, pese a la broma y los beneficios que pueda reportar, también despierta temores. Por ejemplo, que la llegada de sectas con la intención de lanzarse a un suicidio masivo.

Es difícil conocer las razones exactas que han llevado a determinar Bugarach como destino protector, aunque existen varias hipótesis. La mayoría giran entorno al monte que da nombre al pueblo, un pico de 1.231 m que ha sido testigo de múltiples experiencias místicas. Por ejemplo, dicen que el padre Bérenger Saunière encontró allí un tesoro visigodo, el secreto del Enigma Sagrado, mientras reformaba la ermita. Un acontecimiento que fue punto de partida de todo tipo de leyendas místicas.

A día de hoy, muchos creen que Bugarach es un lugar seguro para protegerse contra posibles caídas de meteoritos o mega explosiones solares. Ni que sea por las múltiples cuevas que se ocultan en la montaña, y que las autoridades locales llevan controlando desde que empezó la afluencia de visitantes. Sea como sea, lo cierto es que este enclave pirenaico vale la pena con o sin protección sobrenatural.

Este municipio histórico se alza rodeado de naturaleza, sobre piedras que alcanzan mayor antigüedad a medida que se incrementa la altura. Su reducido casco histórico -el pueblo apenas tiene 200 habitantes- cuenta con edificios con siglos de historia. Por ejemplo, el Hostal Le Presbytère, antigua rectoría y ahora uno de los lugares que acogerá la notable afluencia de curiosos.

¿Acudirías a este pueblo, ni que fuera por aquello de prevenir? Si lo haces, espera mucha compañía.

Vía: 324.

Foto: ArnoLagrange.

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