Djerba, la isla de Ulises

Djerba es la isla donde Homero decidió hacer reposar a su Ulises, y si atendemos a los múltiples atractivos del lugar entenderemos el porqué. Playas, palacios, mausoleos y más de 200 mezquitas hacen de esta isla una visita obligada.

Atardecer en Djerba

Djerba es la mayor isla del norte de África. Su encanto natural obedece a una naturaleza en calma, ordenada en llanuras arenosas prácticamente al mismo nivel del mar y a través de playas infinitas y cristalinas. Gustave Flaubert la denominaría «la isla de las arenas de oro».

La grandiosidad de Djerba se deja ver al seguir los pasos de una cultura ancestral que merece la pena descubrir. Los cartagineses, los romanos, los vándalos, el imperio bizantino y finalmente los árabes dejaron su huella en esta maravillosa isla para acabar siendo a partir de los años sesenta un anhelado destino turístico.

Pertenece en la actualidad a Túnez, aunque en la Edad Media perteneciera a la corona de Aragón. Los españoles defendieron esta isla del famoso pirata Barbarroja que había hecho de la isla su bastión.

Los encantos la isla hacen que sea admirada desde la más remota antigüedad como lugar mítico para la paz y el descanso. Homero (siglo VIII a. C), dejo constancia de ella, en su Odisea, donde narra las aventuras de Ulises en Djerba, denominándola la Isla de los lotófagos . Los lotófagos habitantes de Djerba, comían la flor de Loto. “Aquel que del loto prueba su meloso dulzor pierde al instante todo gusto por volver, entregando al olvido el regreso”; [Odisea].

¿Y qué ofrece Djerba que merece tanto la pena descubrir? Te lo resumimos para que pueda servirte de ayuda:

– En Djerba existen nada menos que 213 mezquitas, todas wahabitas y con sus típicos minaretes bajos. En Houmt Souk, la capital de la isla, recomendamos visitar las más representativas: la mezquita Sidi Brahim el Jamni (siglo XVIII), la de los Extranjeros y la Turca aún conservan enterramientos otomanos de valor histórico.

– Como ejemplo de sincretismo cultural y de convivencia entre judíos y musulmanes, vale la pena visitar la sinagoga de «La Ghriba», una de las más apreciadas por la diáspora judía, ya que, según la leyenda, la primera piedra que se colocó en ella procedía del templo de Salomón. Los judíos que residen en la isla de Djerba son sefardíes que llegaron a Túnez después de ser expulsados de España.

– También en la capital, en Houmt Souk , hay que acercarse al Borj el Kebir, castillo árabe del siglo XV que fue codiciado por Felipe II. En el encontraremos interesantes salas interiores con objetos históricos de la época de los conflictos con el mundo cristiano. El fastuoso Mausoleo de Sidi Ghazi Mustafá , de su último director de obras, es una joya digna de admiración.

– El Museo de las Artes Tradicionales. El Zauia de Sidi Zituni, expone una gran colección de piezas de joyería, cerámicas y diferentes objetos tradicionales y cotidianos antiguos que son una recreación para la vista y que constituyen una parte importante de la historia de Djerba como encrucijada de culturas.

-El Parque Djerba Explore brinda una visita cultural de primer orden en el majestuso museo Lella Hadhria que reúne piezas de la mayor colección privada de arte arabo-musulman del país y otra a carácter zoológico monotemático de los cocodrilos. Su visita en el momento de dar de comer a estos animales de 8 metros de largo será seguro inolvidable.

– Su calzada romana que la une al continente de 7 kilómetros de longitud, la cual se remontaría al siglo III a.d.C.

Paradisiaca, distinta, emocionante, relajante, Djerba os espera…

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