Visita Holanda fuera de temporada

Desde patinar sobre canales helados hasta descubrir algunas de las mejores fábricas de queso holandés, pasando por los famosos museos de Amsterdam.

La mayoría de trotamundos, cuando piensan en los Países Bajos se imaginan campos de tulipanes, molinos de viento, vacas, y chicas holandesas con vestidos y calzado tradicionales. Pero los que han tenido la suerte de visitar el país a menudo, han podido constatar que, si bien todavía existen muchas de estas cosas emblemáticas (y tópicas, por qué no decirlo), la mayoría se han transformado, alineándose con los tiempos en los que vivimos y dejando de ser meros referentes del país.

Aunque la producción del tulipán ocurre durante todo el año, la mayoría de los viajeros dirigen sus visitas durante la primavera, cuando las flores más famosas de la nación están en pleno estado de afloración. Sin embargo, hay un montón de cosas para hacer en los Países Bajos en cualquier época del año, incluso durante los días más sombríos de invierno, cuando las temperaturas frías hacen los desplazamientos más difíciles. Los locales dirían que se puede hacer lo mismo que en primavera, pero con un abrigo encima.

Dicho esto, vamos a repasar algunas actividades muy interesantes que se pueden llevar a cabo en Holanda en la época que consideraríamos «fuera de temporada», aunque recordad llevaros un abrigo grueso para ello:

1. Deslizarse sobre pistas heladas.

El patinaje sobre hielo es el deporte nacional en invierno, cuando los holandeses (y los visitantes dispuestos a ello) abrazan con entusiasmo las temperaturas bajo cero. Si se mantiene el suficiente frío en la norteña provincia de Frisia, llega la hora del Elfstedentocht, una maratón de patinaje sobre hielo a lo largo de una red de canales helados con miles de participantes y aún más espectadores. Desafortunadamente, los últimos inviernos suaves han impedido que se realizara el legendario evento de patinaje desde 1997, pero eso no significa que no podamos deslizarnos en un canal congelado, a una escala más pequeña, junto a los lugareños.

2. Buscar al famoso chico holandés.

Es posible que hayáis oído hablar de ‘Hans Brinker, o los patines de plata‘, una novela de Mary Mapes Dodge. Aunque Dodge, una escritora estadounidense, nunca estuvo en los Países Bajos antes de poner la pluma sobre el papel en la década de 1860, su prosa contribuyó a crear una imagen memorable de la tradición holandesa: el muchacho que metió el dedo en la fuga de un dique para salvar a su país. Varias estatuas se han erigido en toda Holanda en honor al héroe ficticio. Podréis encontrarlas en el «parque en miniatura» Madurodam en La Haya, en la ciudad de Frisia de Harlingen, o en el pueblo de Spaarndam en el norte de Holanda.

3. Disfrutar de los quesos locales.

Amsterdam puede ser conocida por algunos como un lugar para disfrutar de algunos particulares vicios, pero si nuestro mayor placer es el queso, debemos visitar el Museo del Queso en Prinsensgracht o viajar a Alkmaar para encontrar un museo mucho más grande (y que ofrece una visión con más profundidad) dedicado a los amados productos lácteos. El Gouda, el queso más famoso del país, se produce en la ciudad holandesa del mismo nombre, donde también hay un museo y la histórica Waag (casa de pesaje), donde se pueden realizar viajes en grupo con cita previa durante todo el invierno. Para tener una muestra de toda la gama de quesos holandeses, incluyendo Edam y Maasdam, se tiene que hacer una reserva en la sala de degustación Reypenaer en Amsterdam.

4. Experimentar los grandes espacios de interior.

No importa el frío que hace fuera en Amsterdam, hay un montón de lugares para visitar en el interior de edificios, desde conciertos de música clásica en el Concertgebouw y visitas a la Casa de Ana Frank, hasta una gran variedad de museos de clase mundial. Si estamos interesados en el arte holandés, las opciones obvias son el Museo Van Gogh o el Rijksmuseum, para ver artistas de la talla de Vermeer y Rembrandt, pero los entusiastas de la arquitectura deben hacer camino hacia el Museo Het Schip, que les pondrá al día del famoso estilo de la Escuela de Amsterdam. Estos lugares, además de enriquecernos culturalmente, seguro que nos harán mantenernos en calor.

5. Andar de puntillas alrededor de los tulipanes.

Si no podemos esperar a la primavera para ver los tulipanes, nos podemos dirigir a la aldea de Slootdorp, en el norte de Holanda, para hacer un recorrido por Siem Munster, una granja de gestión familiar que produce las famosas flores, desde el bulbo al ramo, durante todo el año. Las filas de colores brillantes, que normalmente se ven en los verdes pastos de primavera, están todos aquí durante todo el año, gracias a los gigantes invernaderos de que disponen, con un clima controlado.

Foto: Markus Keuter

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