¿Qué no se debe hacer mientras se disfruta del hanami en Japón?

Disfrutar contemplando el hanami japonés, el árbol de cerezo, es algo que resulta fantástico, pero hay que tener en cuenta algunas cosas que no se deben hacer.

El Hanami es una de las tradiciones más arraigadas en la cultura japonesa. Todos los años reúne a miles de personas que se sientan debajo de estos árboles de cerezo para disfrutar viendo los pétalos caer y disfrutando de una de las sensaciones más relajantes que se puedan imaginar. Si bien debido al coronavirus ha cambiado la forma de celebrar el florecimiento de los árboles de sakura, no deja de ser uno de los momentos más importantes del año y de algo que se disfruta en todo el país.

Los cerezos llenan los parques japoneses o las calles, dependiendo de la zona. Los pétalos caen y son desplazados por el viento de una forma mágica. Verlos es un placer, una fantástica oportunidad de desconectar de los problemas del día a día. Pero ¿Cómo hacerlo?

Uno de los problemas más frecuentes con los que se encuentra la sociedad japonesa es la manera en la que se comportan algunas personas en relación a los hanami. No solo extranjeros que no conocen las normas, sino también personas que las conocen, pero que no actúan como deberían, lo que lleva a que los árboles sufran y vean entorpecido el flujo natural de las cosas.

Por ello, y teniendo en cuenta que ya hemos tenido experiencia con los árboles de cerezo, estamos en la situación idónea para daros unos consejos. Lo primero de todo que hay que decir es que estos árboles no se deben tocar. Representan el máximo de la delicadeza y sensibilidad, un tipo de árbol tan frágil que tocarlo significa romper el proceso natural por el cual el florecido se extiende a lo largo de unas pocas semanas.

Hay una serie de cosas que no se pueden hacer bajo ninguna de las circunstancias. Por ejemplo, no doblar las ramas, no apoyarse en ellas, no mover el árbol para que caigan los pétalos, no tocar los pétalos que todavía están sujetos al árbol y no pisas o tocar las raíces. Hay que ser muy cuidadosos cuando nos tomamos fotos delante de los árboles o debajo de ellos, ya que es posible que pisemos las raíces si no nos damos cuenta. Y, como podéis imaginar, las raíces también son muy sensibles, ya que afectarían a la estabilidad del árbol y a su capacidad de volver a florecer un año después.

Además, también hay que tener cuidado, si vamos en bicicleta, de no pasar por encima de ninguna de las raíces o golpear las ramas. Os podríamos dar consejos sobre cómo sentarse a disfrutar del picnic debajo del sakura, pero ahora mismo, debido al coronavirus, no es algo que sea posible hacer. Debido a ello es preferible que esa idea la comentemos en el futuro (si todo va bien, para el florecido de los sakura en el próximo año 2022).

La historia de los árboles de cerezo es apasionante y tiene mucha lógica dentro del pasado de Japón y de otras de sus mejores tradiciones. Se remonta al periodo Nara, el cual transcurrió entre los años 710 y 794. En aquel tiempo, las fiestas del hanami se celebraban por parte de los miembros de la corte imperial y familias de la élite japonesa. No obstante, con el paso del tiempo la tradición se fue extendiendo y en la llegada de la era Edo ya se había convertido en una práctica habitual por parte de todo tipo de personas, sin importar el tipo de clase de la que formaran parte.

Fue uno de los líderes del shogunato Tokugawa, Tokugawa Yoshimune, quien tomó la decisión de plantar grandes cantidades de árboles de cerezo a lo largo y ancho del país. Había visto con claridad que los beneficios que tenían estos árboles, la forma en la que congregaba a las personas y la tradición que se había generado años atrás, era algo muy beneficioso que se debería compartir con todos los ciudadanos. A partir de ese momento, miles de personas comenzaron a introducir esta tradición anual en sus vidas, a reunirse debajo de los cerezos para beber, reírse y disfrutar tanto en familia como con amigos.

Hoy día la tradición de ver los cerezos en flor no se limita a Japón, sino que hay países donde también se ha adoptado de manera particular. Esto se debe a los árboles de sakura que el país del sol naciente ha regalado a distintas naciones como señal de amistad y buena voluntad. Por ejemplo, en Madrid hay árboles de sakura que florecen siguiendo el mismo calendario que en Japón. Se encuentran situados en el parque Juan Carlos I, donde es frecuente que muchas personas se congreguen con la intención de compartir esta tradición puramente japonesa.

Por ahora las fiestas del hanami están limitadas debido a la pandemia, pero en los próximos años se espera que todo vuelva a la normalidad y que sean, de nuevo, un momento ideal para compartir con los seres queridos disfrutando de unas flores de belleza sorprendente.

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