¿Por qué se ha reducido el volumen de población de Japón?

Japón ya no se encuentra en el top 10 de naciones que tienen una mayor población, algo que confirma la caída que está sufriendo el país en paralelo a su envejecimiento.

Japón ha presentado los resultados del censo correspondiente a 2020 y ha llegado a varias conclusiones que no han dejado satisfechos a los responsables del gobierno. La más drástica es que la población ha caído a 126.22 millones de habitantes, perdiendo alrededor de 900.000 habitantes en comparación a los datos del censo previo, el realizado en 2015 (se lleva a cabo cada cinco años).

La situación es problemática a la vista de que, en este mismo periodo de tiempo, ha aumentado la cantidad de extranjeros que han comenzado a vivir en Japón. A día de hoy, la cantidad de extranjeros residiendo en el país supera los 2 millones y medio. Incluso con ese aumento, el país no ha conseguido mantenerse en el top 10 de las mayores poblaciones del mundo, en el cual ha caído hasta la posición número 11 (China sigue estando en el primer puesto).

Otros datos interesantes sobre la vida en Japón desvelan que ha aumentado, en contraposición a la menor cantidad de población, el número de hogares. Este dato ha crecido en 4.42 puntos hasta llegar a una cantidad de 55,72 millones. Y, al mismo tiempo, se aprecia que la cantidad de miembros de los hogares se ha reducido, pasando de una media de 2.38 a una de 2.27. Esto significa que se están independizando cada vez más hijos y que las familias pasan menos tiempo viviendo juntas, algo que era más habitual en el pasado, pero que se está perdiendo como tradición.

Japón se enfrenta a un futuro en el cual su sociedad estará formada, principalmente, por ancianos. El país tiene una de las mayores tasas de personas mayores, lo que deja en dudas cómo conseguirá la nación salir adelante y, sobre todo, poder pagar las pensiones a quienes las tengan que cobrar. Algo en lo que se apoya el gobierno es que se trata de un país donde la jubilación se alcanza en edades mucho más elevadas y en el cual los ancianos pueden seguir trabajando sin ningún tipo de inconveniente, sobre todo en empleos de tiempo parcial. Eso explica porque, por ejemplo, hay tantas personas mayores que todavía hacen trabajos de un gran nivel de esfuerzo incluso si sus condiciones de salud no son precisamente las más convenientes.

El país intenta que nazcan más bebés, lo que sería la solución para su sociedad a largo plazo. Pero hay distintos problemas que se le acumulan a la nación y que le están dando muchos quebraderos de cabeza. Uno de ellos son los costes de la crianza de un niño en el país, donde las ayudas que se entregan a los padres son realmente reducidas en comparación con otras naciones. Tampoco ayuda las perspectivas de futuro, en las que acceder a estudios de calidad supone tener que hacer una inversión de gran volumen, lo que está evitando que hoy día muchos jóvenes accedan a estudios superiores.

Por otra parte, la sociedad japonesa se encuentra sumergida en una fase de independencia obstinada en la que los jóvenes buscan disfrutar de la vida, de su ocio y del tiempo libre en vez de plantearse formar una familia. No menos relevante, se está produciendo una diferencia de género importante en su sociedad. Mientras los hombres continúan extendiendo el comportamiento extremadamente machista que caracteriza a los japoneses (grabado a fuego en su cultura), las mujeres están despertando y viendo que tienen los mismos derechos que los hombres y que, sobre todo, son merecedoras de que las traten con respeto.

Eso ha creado una brecha insalvable para muchas personas, especialmente mujeres, que no se quieren condenar a una vida en la que no puedan satisfacer sus aspiraciones profesionales. Al mismo tiempo, las mujeres japonesas se abren cada vez más a la influencia occidental y a la manera en la que las relaciones románticas y el amor se desarrolla de una manera distinta fuera de Japón. Eso hace que estas mujeres no vean con buenos ojos el comportamiento de sus novios o posibles parejas, quienes mantienen sus costumbres japonesas totalmente opuestas a lo que las mujeres quieren ahora en Japón.

Las relaciones de pareja en Japón siempre han estado faltas de romanticismo, de igualdad y de cariño. Es otro tipo de sociedad, una en la que es normal que el hombre camine por la calle varios pasos por delante de su novia y que esta tenga que cargar con todas las bolsas o equipaje mientras el hombre avanza tranquilamente. Es una sociedad que ha habituado al hombre a no tener que esforzarse y a tener el poder de hacer lo que quiera en la relación sin consecuencias. La mujer japonesa, sobre todo por la televisión, el cine y por la presencia de cada vez más hombres extranjeros, busca algo diferente que no encuentra entre los hombres de su país. Eso lleva a que se reduzcan de forma considerable los nacimientos de bebés.

Por otra parte, aumentan las estadísticas de mujeres japonesas que inician relaciones con hombres extranjeros. No solo con occidentales tal y como se ha mencionado antes, sino también con asiáticos, principalmente de Corea del Sur. El motivo se encuentra en que el hombre coreano ya se ha adaptado a un comportamiento más galán, educado y considerado con su pareja. Lo mismo ocurre en la propia relación de estos hombres (y mujeres) con sus familias, con muestras de cariño físicas que no son propias en la cultura japonesa.

Japón vive una dualidad en la cual su identidad se difumina, intentando perseverar por tradición, pero emborronándose cada vez más porque los japoneses, que han abierto los ojos a otra forma de vida, quieren amar, quieren llorar, quieren abrazar y sentir de verdad unos lazos familiares que, desgraciadamente, no son tan estrechos entre los japoneses a diferencia de lo que ocurre en muchos otros países. Muchas de estas mujeres japonesas que inician relaciones con hombres extranjeros, por lo general, acaban trasladándose a sus países de origen en busca de una vida distinta, ese tipo de vida que han estado buscando desde hace tiempo.

Eso lleva a que, si bien sus hijos se consideren japoneses, porque uno de sus padres es japonés, no cuenten en el censo de Japón al residir en otro país. Así, la nación está perdiendo habitantes y encontrándose cada vez más ante un destino que a sus dirigentes no les gusta, porque saben que, el día de mañana, será un problema para ocuparse del pago de las pensiones.

Pero a Japón le queda esperanza. El país intenta abrirse más, instruir, educar, enseñar que hay valores que se pueden defender incluso sin ir en contra de la tradición. Eso no va a solucionarlo todo. Eso no va a evitar que, en cada uno de los barrios de Tokio, haya áreas rojas en las que los hombres pueden ir a tener una aventura al precio de comer en un McDonald’s. Eso no evitará los miles de hoteles del amor que existen en sus calles y que no son precisamente usados solo por parejas enamoradas. Y eso no evitará que, después de casarse, las parejas apenas tengan contacto físico. Al menos no lo evitará a corto plazo. Es posible que, en el futuro, Japón, uno de los mejores países del mundo por muchos motivos, pueda poner a su sociedad a trabajar unida hacia un destino mejor con más niños y nacimientos. De momento, es una asignatura pendiente.

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