La tradición artesanal italiana

Gianni Gatto es un maestro de los sombreros, trabajando con sus manos todos los diseños que crea, cada uno de los cuales es único.

Sin duda, la historia de los artesanos italianos es uno de los objetos de valor más preciados que tiene el país y que no siempre sabe valorar. Las señas de identidad de esta tradición artesanal (la creatividad, la innovación, las referencias tradicionales, etc.) se remontan por lo menos a 3.000 años atrás, para cuando los etruscos empezaron a formar obras extraordinarias con bronce y los romanos sobresalieron con sus mosaicos y las obras en vidrio.

Ahora los viajeros deseosos de evitar los productos genéricos fabricados en masa pueden dejarse maravillar por una nueva cultura italiana en la que se prima la creatividad y el trabajo realizado con las manos: el elogio hacia lo auténtico. Y con eso consiguen un sentido de lo real, que permanece para Italia. Un auténtico sello del «Hecho en Italia».

Si nos tomáramos algo de tiempo para conversar con un ceramista en su taller o un soplador de vidrio en su horno, contemplaríamos una ventana abierta a los ritmos diarios de un lugar, su historia cultural, el principio que lo mueve. Hacernos con alguno de los productos que ofrecen sus talleres es tener una obra única que va a durar mucho más de lo que lo haría cualquier producto comprado en una tienda convencional.

Un ejemplo de ello es el artesano de los sombreros Gianni Gatto, que no es sólo un sombrero; es un artista para la cabeza podrían considerar muchos de sus compradores. Este apasionado escultor/diseñador es un auténtico artesano florentino que produce recuerdos distintivos con un fuerte sentido de la tradición y el estilo del lugar.

Vagando por el histórico barrio de San Frediano, a pocos pasos de los Jardines de Boboli y el Palazzo Pitti, encontraremos una tienda estrecha, Cappelli Antonio Gatto. Aquí, algunos de los materiales más sencillos de fieltro o paja cobran vida en las manos de Gianni Gatto, un escultor de sombreros.

Gatto descubrió su maestría en pequeños mercados de Florencia, donde encontraba bordados de diseñadores florentinos legendarios como Pietro Franceschini. La fabricación de sombreros tiene un largo linaje en esta ciudad donde el Renacimiento floreció, y es que algunos retratos del siglo XVI ya muestran los miembros de la familia aristocrática Medici con deportivos tocados a dos aguas y gorras rojas.

Un ejemplo de esta autenticidad de sus productos es la máxima con la que trabaja este artesano: un sombrero por sí mismo es incompleto, es la persona que lo completa, con el uso de una determinada manera, dándole un alma y una personalidad. Sin duda, una declaración de intenciones que define lo que es artesanía.

Foto: azuk

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