Japón invita a los niños a ver los Juegos Paralímpicos

Durante la pandemia y con un aumento drástico de infecciones diarias, el gobierno lleva a los niños a los estadios olímpicos para ver los Juegos.

Hay ideas malas. Y luego está las que últimamente está tomando el gobierno japonés. Entre ellas, por ejemplo, permitir-invitar a que los niños de las escuelas de todo el país se desplacen hasta los estadios olímpicos en los que se llevan a cabo los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020. En medio de la crisis del coronavirus, como uno de los países que menos personas vacunadas tiene y con el desastre que está suponiendo la variante delta en la región, no hay comprensión alguna sobre lo que está haciendo el gobierno.

La propuesta se anunció hace meses. Antes de las vacaciones de verano, las escuelas dieron a los padres un impreso en el cual debían dar su autorización para que su hijo fuera al evento que el colegio organizara con la intención de visitar los Juegos Paralímpicos. Eso fue antes de los Juego Olímpicos de Tokio, en un momento en el cual la situación del coronavirus estaba como había estado casi siempre en Japón: aparentemente controlada.

Muchos padres, la mayoría, aceptó que sus hijos fueran. Los niños rogaron por ello, porque Japón es un país terrible en la gestión de las relaciones sociales como la amistad, y en la escuela, es todavía peor. En primaria, cuyos niños van a ir a este evento de los Juegos Paralímpicos, si te pierdes una de estas excursiones, te expones a perder los pocos amigos que puedas tener.

Por ello, los niños no se quieren exponer a ser “ese que se ha tenido que quedar en clase”. Porque los niños que no van a la excursión, se quedan en el aula mirando a las musarañas (leyendo un libro, por ejemplo). Ningún niño quiere eso. Así que los padres dijeron, “sí, vale, irás, pero cuidado”. No obstante, eso fue antes de la variante delta, de la retirada de los Gasol de la selección y de todo lo demás.

Después de los Juegos Olímpicos, se daba por entendido que esa excursioncita de marras habría quedado cancelada. Contra todo pronóstico, el gobierno se reunió, en una de esas reuniones que tanto les gustan, para debatirlo. Y llegaron a la conclusión de que lo mejor que pueden hacer las escuelas de primaria, de instituto junior y demás, es mantener las excursiones e ir a ver los Juegos Paralímpicos para que vean cómo estos atletas se integran en la sociedad. Y aunque nos parece fantástico el mensaje que se está dando, no parece nada lógico hacer algo así teniendo en cuenta la situación. De las 5.000 infecciones diarias en Tokio se ha pasado a que ciudades colindantes tengan casi 2.000 infecciones, algo que no se habría imaginado meses atrás. Lo que es peor: los ciudadanos están cansados y están dejando de ser cautos y cuidadosos. Cada vez se ven más personas sin mascarilla por la calle o aquellas que la tienen por debajo de la nariz, reduciendo toda utilidad de la misma.

Los bares de alterne siguen abiertos y las medidas de seguridad entre los comensales y las anfitrionas se han reducido de manera considerable. A esto hay que sumar que una gran cantidad de las personas vacunadas no están informadas sobre la realidad del virus, por lo que creen que están totalmente protegidos del mismo y que no se pueden contagiar con él, lo que hace que expongan a las personas que están cerca de ellas. No entienden que, aunque ellos no vayan a sufrir los efectos, sí pueden transmitir el virus y seguir llevando a que su circulación continúe entre personas que no se han vacunado.

Y no menos importante: ya se ha anunciado la puesta en marcha de la vacunación para niños a partir de los 12 años. Muchos de esos niños podrían ir a los eventos de los Juegos y, al menos un porcentaje, seguro que comienza a darle menos importancia al uso de la mascarilla. Eso aumentará el riesgo para los demás niños, como para los que comparten clase con los de 12 años, pero que solo tienen 11 años. ¿Nadie piensa en ellos? El riesgo al que se exponen es enorme y sus familias están, derivando de ello, en una zona de peligro que no resulta nada agradable.

Con ese panorama, al gobierno japonés solo se le ocurre aprobar que los niños vayan a los eventos en los estadios deportivos. Por suerte, los gobernadores de algunas de las regiones están cancelando todas las excursiones. Así, aunque desde Tokio llegue la aprobación del evento, si los gobiernos locales dicen que no, nadie irá a ellos. No obstante, está por ver qué parte de ayuntamientos toman esta decisión en contra de los deseos de la capital.

En paralelo, la campaña de vacunación continúa con una reducida cantidad de vacunas administradas al día. Nadie se preocupa, se abren rondas de vacunación de escasos huecos que se agotan con rapidez. Hay quien reconoce que ya se ha vacunado tres veces, “por si la protección aumenta”.

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