Historia de Akihabara y la evolución del barrio tecnológico

Repasamos las distintas épocas por las que ha pasado la estación de Akihabara en Tokio, la ciudad electrónica.

Akihabara, en Japón, ha pasado por muchas etapas y ha evolucionado siempre con la intención de ser un foco de compras, aficiones y turismo. La estación de Akihabara se inauguró en 1890 y ya, desde entonces, se convirtió en un punto de encuentro para el comercio. En principio, eso sí, lo que se vendía en Akihabara no eran videojuegos, ni manga ni anime. El principal producto a la venta en Akihabara eran verduras y frutas. Unas décadas después, en los años 20, la estación comenzó a estar operativa. Eso incrementó el flujo de personas que pasaban por la zona.

De verduras a electrodomésticos

Pero la auténtica explosión de popularidad de Akihabara llegó a partir de 1945. Fue entonces cuando acabó la Segunda Guerra Mundial y la fama de la región comenzó a entrar en ebullición. El gobierno del país no tenía mucho control sobre lo que ocurría en Akihabara, así que eso permitió que florecieran muchos negocios de comercio alternativo. También derivó en que se instalase en el barrio el principal mercado negro de Tokio, lo que llevó a que la zona de alrededor de la estación se transformase en uno de los puntos comerciales más importantes de la capital.

Las verduras y las frutas ya no tenían tantas ventas, así que la zona comercial evolucionó. Lo que tenía más demanda en esos tiempos era la electrónica, así que Akihabara se transformó en el paraíso de los electrodomésticos. Quienes necesitaban comprar televisiones, neveras, lavadoras u otros equipos electrónicos, acudían a Akihabara en busca de los mejores precios. Poco después ya se comenzó a denominar a Akihabara como la “Electric Town”, la ciudad electrónica.

Llegan los ordenadores

La década de los 80 marca la entrada en el mercado de un nuevo tipo de producto que goza de gran popularidad: los ordenadores. Lo que siempre marca la diferencia en Akihabara es el componente futurista, la mirada al futuro y lo revolucionario. Los electrodomésticos ya se habían convertido, en esa época, en algo natural. Pero los ordenadores, que estaban empezando a entrar en el mercado personal, estaban en su mejor momento. Eso lleva a que Akihabara se transforme en el mejor lugar para encontrar ordenadores y juegos.

Junto con los ordenadores, Akihabara también se abre a los videojuegos. Esto genera un doble atractivo para la zona. Por una parte, la venta de cartuchos para la consola NES, la exitosa Famicom en Japón, así como para otras consolas, y, por otra parte, la entrada de los arcades. Las calles de Akihabara empiezan a llenarse de máquinas recreativas que causan sensación.

Hay que decir que, además, antes de los videojuegos, Akihabara ya se había convertido también en una zona donde poder comprar música. Había gran cantidad de tiendas de música que comercializaban vinilos y cassettes debido a la gran fama que tenían los equipos estéreo. El fenómeno idol y los grupos de moda encuentran en Akihabara un lugar donde brillar.

A mediados de los 90 entra en escena otro tipo de producto que causaría furor: los juegos de ordenador PC para adultos. Se comienzan a ver secciones para adultos en muchas tiendas y se comercializan en grandes cantidades. Sería el germen de lo que haría que Akihabara empezase a evolucionar de nuevo.

Es el turno del manga y el anime

A partir del 2000, el manga y el anime comienzan a generar grandes cantidades de dinero en el mundo entero y convierten en Akihabara en el templo otaku. La venta de merchandising, como las muy de moda tarjetas telefónicas con dibujos de series de anime, se extiende, y los videojuegos empiezan a mostrar señales de agotamiento. La música prácticamente ha desaparecido del barrio y, lo que se ha convertido en tendencia, son los contenidos para adultos. Sobre todo, los douijnshis en sus versiones para adultos que se comercializan en todo tipo de tiendas.

A partir de 2010, el dominio del manga y el anime se asienta. Las tiendas de videojuegos comienzan a cerrar o evolucionan y absorben ese producto que, hasta ahora, solo se vendía en comercios especializados. Se comienzan a ver menos tiendas especializadas únicamente en videojuegos y, los comercios de la calle central, se vuelcan en el manga y el anime.

A día de hoy

Tras ese anterior salto evolutivo, Akihabara sigue cambiando. Los salones arcade, que habían aguantado como titanes desde los 80, echan la persiana para no volver jamás. No todos, pero sí una gran mayoría. Los que quedan, sobreviven a base de máquinas de grúa donde se pueden ganar premios de manga y anime. Las máquinas arcade ya no tienen el tirón de antaño y el coronavirus hizo que los ingresos bajaran a mínimos.

Las tiendas de videojuegos desaparecen incluso más. Hasta la poderosa Sofmap, se repliega concentrándose en la venta de manga y anime. Aísla su zona de videojuegos a una planta sin ningún tipo de trascendencia. Los días de recorrer grandes superficies con estanterías llenas de videojuegos, parece que llegan a su fin. El mercado del videojuego se debilita debido al formato digital y al poco empuje de las empresas en Japón, donde solo Nintendo mantiene la confianza del público.

Los doujinshis y mangas para adultos, sorprendentemente, desaparecen. Se procede al cierre de muchas de esas pequeñas tiendas oscuras en las que no podían entrar los menores de edad. En su lugar, se instalan docenas de máquinas de gacha en las que obtener merchandising de manga y anime a bajo precio. Aparecen todavía más tiendas con figuras y productos de manga. Y, por otro lado, las tiendas que vendían revistas, dejan de lado este producto para concentrarse también en el merchandising.

Pero, lo que sin duda marca un punto de inflexión, es la excesiva aparición de maids cafés en la zona. Las maids se multiplican en las calles hasta tal punto que resultan asfixiantes. Todas buscan llamar la atención de clientes que quieran pasar un rato en una cafetería hablando y compartiendo una bebida con estas chicas que hacen cosplay. Es una idea que se enmarca en la relación con el manga y el anime, pero que rechina cuando se piensa en el barrio electrónico.

Ya no hay consolas en los exteriores de las tiendas mostrando las últimas novedades en juegos, los letreros luminosos dan la sensación de iluminar cada vez menos y esa magia del pasado, desaparece. Quizá la próxima evolución de Akihabara aporte aire fresco. Hoy por hoy, para quienes empezamos a visitar Akihabara hace más de 20 años, se echan de menos muchas cosas.

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