Hiroshima sueña con el abandono de las armas nucleares

Han pasado 76 años desde el bombardeo de Hiroshima justo antes del final de la Segunda Guerra Mundial, pero Hiroshima no olvida la tragedia.

Hiroshima recuerda el bombardeo que sufrió la ciudad ahora hace 76 años. El tiempo pasa y los supervivientes de aquel incidente, los conocidos como hibakusha, van desapareciendo por ley de vida. Según el informe publicado en marzo de este año 2021, hoy día todavía quedan 127.755 de estos supervivientes, sumando no solo los de Hiroshima, sino también los de Nagasaki. La cifra se ha reducido en casi 9000 personas respecto al año pasado debido al fallecimiento de las mismas.

Actualmente, estos supervivientes tienen una edad media que se encuentra en 83,94 años. Con el fallecimiento de los hibakusha lo que busca Hiroshima es que no desaparezca la importancia de trabajar en armonía para que algo así no se vuelva a repetir. Por ello, Kazumi Matsui, el alcalde de Hiroshima, decide ponerse en contra de mantener las armas nucleares activas a lo largo y ancho del mundo. Le pide a Japón que se una a los países que están firmando el tratado para abandonar las armas nucleares. Pero, de momento, Japón no mueve pieza al respecto, principalmente porque la nación se encuentra vinculada a las decisiones que tome al respecto Estados Unidos.

En general, lo que ocurre resulta paradójico. Hay 86 firmas que ya apoyan el tratado, pero Japón, la nación que ha sufrido las armas nucleares en su propia piel, no lo firma. Seguro que hay una explicación complicada, pero con un tema tan controvertido como este, cualquiera diría que sobran las explicaciones. ¿Tan difícil es sentir profundamente en el corazón algo tan terrible como lo que ocurrió?

El alcalde ha mencionado que la sociedad debería decidir vivir sin las armas nucleares, porque son la forma definitiva de la violencia humana. También comenta que el mundo será más abierto, libre y agradable sin la existencia de estas armas. Un pensamiento con el cual es fácil coincidir. Por desgracia, la respuesta del Primer Ministro, Yoshihide Suga, son decepcionantes. Menciona que es necesario “perseverar con iniciativas realistas”. Y eso deja la puerta abierta a un amplio rango de interpretación.

Por si Suga se ha olvidado, la bomba atómica que los Estados Unidos anzaron sobre Hiroshima el día 6 de agosto de 1945, acabó con la vida de alrededor 140.000 personas. Días después, Nagasaki sufrió una segunda bomba atómica que causó miles de muertes más y que empujó a Japón a rendirse. Con eso terminó la Segunda Guerra Mundial, la cual debería haber terminado mucho antes si el país del sol naciente no se hubiera empeñado en continuar con una batalla que estaba claramente perdida. ¿Cómo pudieron no reaccionar de inmediato a lo ocurrido en Hiroshima? ¿Cómo pudieron exponerse a que ocurriera lo mismo de nuevo tal y como ocurrió?

Hiroshima rinde tributo a los fallecidos, a los daños psicológicos y a todo lo que le ocurrió a la ciudad durante y tras el bombardeo. Hoy día, aunque los hibakusha están falleciendo, sus familias no se olvidan de todo lo que les ocurrió y de cómo vivieron los años posteriores al bombardeo. Los nietos de supervivientes de la bomba instruyen a sus propios hijos para que sepan qué ocurrió y cuáles fueron las consecuencias. Lo hacen desde el entendimiento, desde la importancia de la protección de la paz. Les instan a aprender del pasado, a no repetir los errores, a decir no a la guerra y a las armas de destrucción masiva.

Estos bisnietos no llegaron a conocer a sus bisabuelos que sobrevivieron a las bombas, pero las historias de sus padres les ayudan a conocer todo lo que ocurrió. Hiroshima es lo que defiende, la importancia de transmitir las memorias del pasado hacia las generaciones del futuro. Al alcalde y a otros de los ciudadanos de Hiroshima les preocupa que, en el futuro, todo se olvide y se vea como si perteneciera a una película. Porque, quienes no han vivido una guerra ni un ataque como el que se sufrió, tienen más problemas para llegar a entenderlo o sentirlo de la misma manera.

Por ello es importante seguir transmitiendo este tipo de sentimientos y de recuerdos. Para quienes visiten Hiroshima, lo bueno es que, si bien los hibakusha desaparecerán antes o después, continuarán en pie lugares que representan una prueba viviente de lo que ocurrió. Por ejemplo, el Atomic Bomb Dome, con esa cúpula que sobrevivió a la bomba de una forma estoica, imponiéndose al deseo de destrucción del ataque. O también el Hiroshima Peace Memorial Museum, que trata de mostrar a los visitantes lo que ocurrió por medio de vídeos y de otros materiales audiovisuales.

Tampoco hay que perderse el Hiroshima Peace Memorial Park, un espacio que habla desde el corazón para mostrar al mundo uno de los lugares más bonitos de la ciudad. Sus monumentos y recuerdos de la tragedia son otra manera de conectar con el pasado. Hiroshima es un recuerdo vivo de algo que nunca debería pasar de nuevo. Una tragedia en mayúsculas.

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