El ataque del Joker en Japón y la creciente inseguridad en el país

Hace unas horas un hombre vestido como el Joker de Batman ha atacado con cuchillo y explosivos a las personas que estaban con él en el tren.

De manera incomprensible, Halloween se ha convertido en un día que siempre le trae problemas a Japón, al menos en los últimos años. Las locas celebraciones de fechas anteriores, desaparecidas debido a las restricciones y el sentido común del coronavirus, han tenido este año una contrapartida todavía peor. Se trata del ataque que ha llevado un loco en uno de los trenes de la línea Keio, que “disfrazado” del Joker de Batman, tomó la decisión de intentar hacer una matanza.

El ataque, por suerte dentro lo que podría haber pasado, se ha saldado sin víctimas mortales (aunque un anciano de 70 años está en estado crítico y se teme por su vida). El balance de heridos, no obstante, es dramático: al menos 17 personas han tenido que ser atendidas en hospitales debido a las heridas que sufrieron durante el ataque del maníaco.

Hoy ya se conoce la identidad del responsable: un chico de 24 años que ha confesado que tenía la intención de acabar con la vida de una o dos personas con la intención de recibir la pena de muerte. Una vez más, un suceso provocado por la locura y los problemas psicológicos de un joven que, posiblemente, habría mantenido su inestabilidad oculta de la sociedad.

Antes del incidente ya se había detectado la presencia inestable del responsable. Un vídeo previo que se había publicado en redes sociales mostraba al atacante sentado dentro del tren, con mirada inexpresiva y fumándose un cigarrillo. Ya en ese momento tenía algunos espasmos en su cuerpo y se veía que, bajo la chaqueta, tenía la ropa inspirada en el conocido villano de DC Comics. Pero quien le vio en ese momento, solo pensó que se trataba de un “pirado”, alguien a quien no prestar atención.

Lo siguiente que ocurrió fue que el individuo sacó un gran cuchillo y comenzó a atacar a los pasajeros que se encontraban a su alrededor. Al anciano le golpeó en el pecho en una herida muy fea que no se sabe cómo progresará. A otras personas les atacó en distintas partes. En ese momento, los pasajeros comenzaron a correr desesperadamente, huyendo en dirección al vagón opuesto. Aunque la huida se realizó con cierto orden, hubo también quienes cayeron al suelo y sufrieron heridas debido a la incontrolable situación que se estaba viviendo.

Al ver que las víctimas estaban alejándose de él, lo que hizo el atacante fue pasar a usar otra de sus armas. Un aceite inflamable como el de los mecheros que utilizó para causar fuego y generar lo que, seguramente, en su imaginación eran explosiones como las que utiliza el Joker en sus bombas. Causó daños a los asientos y provocó el fuego que se ha podido ver en los vídeos que circulan por la red.

Mientras tanto, los pasajeros se afanaban por intentar salir del tren, que para ese momento ya había realizado una parada de emergencia. Pero los trenes, al menos los de la línea Keio, no parecen preparados para este tipo de situaciones. Tal fue la desorganización, que las puertas siguieron cerradas en todo momento y lo que tuvieron que hacer los pasajeros fue escapar por las ventanas. Suerte de la fisionomía japonesa, porque es probable que en otros casos no hubiera sido el mejor medio para escapar. No obstante, los golpes, magulladuras y problemas de salir por la ventana, fueron apreciables en muchas de las personas que salieron y que luego compartieron el daño que habían sufrido en redes sociales.

La policía llegó y se encontró con que el asaltante todavía estaba dentro del tren. No tenía intención de huir: su plan era que le cazasen y que pudieran condenarle a ser ajusticiado por el sistema. El tren se encontraba, en ese momento, en la estación Kokuryo, pero su rumbo era hacia la estación de Shinjuku, uno de los lugares con más movimiento en la noche japonesa de la capital. Es muy probable que el asaltante hubiera decidido atacar en ese momento a sabiendas de que, en Shinjuku o en su cercanía, habría sido más problemático. O quizá no, porque la turba japonesa no suele ser de las que devuelven el golpe, sino de las que salen huyendo sea como sea, para bien o para mal.

Se cree que el individuo de Halloween se sintió inspirado por otros incidentes similares que se han registrado en los últimos años. Japón se ha encontrado con una creciente cantidad de personas inestables que deciden atacar a inocentes por diferentes motivos, desde atacar a quienes parecen felices hasta simplemente apuñalar a otra persona para descubrir la sensación que proporciona.

Lamentablemente, el país continúa agarrado a la desesperada al pensamiento generalizado de que Japón es uno de los lugares más seguros del mundo. Y el problema es que, normalmente, así es. Pero hay momentos en los que esa idílica seguridad se rompe de la manera más violenta posible. Los culpables de hacerlo siempre suelen ser personas inestables con motivos absurdos y fantasías macabras fruto de un sistema que no trabaja en el cuidado psicológico de sus ciudadanos y donde la atención psiquiátrica o incluso psicológica se ve como un tabú al que nadie se quiere enfrentar.

No solo están registrándose este tipo de incidentes violentos. Cada vez son más habituales los avisos de pervertidos que acosan a niños pequeños en las cercanías de parques y colegios. Los centros de estudios envían rotativas a las familias cada vez que se registra uno de estos incidentes y, cada vez más, están ocurriendo con una mayor frecuencia. Son casos de hombres que asaltan a los niños a sabiendas de que es poco habitual que haya patrullas de policía circulando por las calles o los alrededores de los parques. Existe el pensamiento generalizado, entre los japoneses, de que su país es tan seguro que no es necesario tomar medidas, porque no hay ninguna necesidad para ello.

Nosotros hemos tenido ocasión de hablar con la policía de uno de los municipios cercanos a Tokio, donde el incremento de estos incidentes con pervertidos está multiplicándose a gran velocidad, y lamentablemente mantienen ese mismo punto de vista generalizado. La policía japonesa no entiende que sea necesario tener patrullas en las calles y, ni mucho menos, paseando. En algunas ocasiones se pueden ver policías en bicicleta, moto o coche patrulla, pero es prácticamente imposible llegar a ver a policías caminando en los alrededores de las zonas más problemáticas.

Debido a ello, los agentes de policía, que se encuentran haciendo su jornada en las casetas de control que hay en zonas céntricas de los barrios (principalmente al lado de las estaciones de tren), no suelen tener la posibilidad de descubrir a los delincuentes o de imponer autoridad para que no cometan sus delitos. Y eso está haciendo que la intranquilidad entre los más pequeños aumente, que haya muchos exhibicionistas y que incluso se cometan delitos menores con el robo de la ropa interior que hay en los tendederos en el exterior de las casas.

La solución de la policía sigue apostando por no exponerse a los problemas en vez de solucionarlos. La lista de recomendaciones-sugerencias (que no imposiciones) incluye: reproducir a diario un aviso general por megafonía a las 17:00 horas para que todos los niños vuelvan a casa y colgar la ropa interior a secar dentro de casa. No son soluciones.

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