Atracciones bizarras por el mundo

Museos dedicados a los pelos, muros que llevan décadas acumulando chicles y otras atracciones que se mueven entre la curiosidad y el mal gusto.

A veces al escribir sobre museos extraños o alicientes turísticos sórdidos una se pregunta si habrá algo más surrealista por el mundo. Lo curioso es que ese algo se encuentra sin escarbar mucho, porque tal y como el mundo es un lugar inmenso, lo es la capacidad de ser humano de buscar pasatiempos extraños.

El resultado es que podríamos tener un blog dedicado en exclusiva a atracciones bizarras y llenarlo de contenido cada día sin pestañear. E aquí algunos ejemplos de entre los miles que hay en el planeta:

      • Bubblegum Alley en California: Si ya de por sí lo del graciosete que pegaba chicles debajo del pupitre daba asco, imaginaros el nivel de repelús que inspira este muro de San Luís Obispo, California. Los chicles pegados sobre su fachada se llevan acumulando desde la década de los 70, y ya es tradición acudir al lugar para dejar pegada una propia y masticada huella. En fin.
      • Avanos Hair Museum en Turquía: «Claro, son japoneses», pensó mi mente cargada de estereotipos y tópicos cuando vio la noticia de un museo dedicado a las bacterias más repugnantes. Pero en Turquía no se quedan cortos. El Avanos Hair Museum gira en exclusiva entorno a los pelos. Más concretamente a los que las visitantes ceden voluntariamente a la colección. Se acumulan juntitos y colgando de las paredes de una especie de cueva no apta para los que sienten arcadas cuando limpian el desagüe de la bañera.
      • Catacumbas de los Capuchinos en Italia: En Palermo nos esperan unas 8000 momias entre sacerdotes y monjes, niños, hombres, mujeres y ancianos. Conservan sus trapitos originales y hasta emulan sus posturas en vida, recreando una experiencia más escalofriante que el Museo de Cera de Benidorm. Hay que agradecer tan macabra creación a los monjes capuchinos, que acumularon restos humanos bajo uno de sus templos desde finales del siglo XVI hasta ya entrado el siglo XX.

      • Museo del Alcantarillado de París: Lo que viene siendo conocer las alcantarillas, que mucho «jiji-jaja» pero sin ellas cualquier ciudad seguiría siendo un nido de enfermedades e infecciones. Hasta Víctor Hugo les dedicó una escena en «Los Miserables». De hecho, es uno de los mejores inventos de la vida moderna, y alabado sea con sus deshechos, su peste, sus ratas y sus desagradables sorpresas. En Barcelona también hay un museo de similares características al parisino, ubicado en este caso en el Paseo Sant Joan.

Foto: ars5017.

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