La península irlandesa de Dingle

Dingle fue una zona rural olvidada durante muchos años pero hoy ha resurgido como destino imprescindible para los que quieren conocer el otro lado de Irlanda

Los que viajan a Irlanda y deciden desmarcarse un poco de los circuitos de visita más habituales que incluyen la capital, Dublín, no pueden resistirse a explorar la bucólica península de Dingle y disfrutar de un paseo por las agradables calles de la única ciudad importante del promontorio.

La belleza natural de la península de Dingle ha atraído mucha gente en los últimos años a esta área remota en la costa suroeste de Irlanda. Y es gracias a este aislamiento geográfico que el rico patrimonio cultural y los antiguos tesoros arqueológicos de la zona han sido excepcionalmente bien conservado. Hoy en día, hay un resurgimiento de población por las familias que optan a ver crecer a sus hijos lejos de las grandes urbes y por el auge de los pequeños negocios en la ciudad de Dingle y más allá, ofreciendo una nueva energía fresca y renovada a la zona. Es común ver ahí profesionales artesanos: joyeros creativos, alfareros, tejedores, y similares, que dan un increíble espíritu artístico a la ciudad.

Un ejemplo de ello es la tienda de pieles y artículos de marroquinería Holden donde uno puede navegar por distintos pasillos de bolsos hechas a mano, cinturones y accesorios exclusivos de los artesanos de la región. A cinco minutos del centro de la ciudad de Dingle se puede recorrer también el taller en el que se elaboran, ubicado en una escuela de piedra con vistas al puerto. Además, para los viajeros interesados en las experiencias de inmersión cultural, Conor organiza en su taller cursos de una semana de duración orientados a la elaboración de cuero que se adaptan a todos los niveles de habilidad.

En el apartado gastronómico también podemos encontrar muchas sorpresas. Por ejemplo las delicias lácteas elaboradas a mano en la granja de leche de Murphy’s, destacando la vaca Kerry, originaria de la zona. Y no podemos olvidar los grandes restaurantes de la ciudad, como el de Ashe, en el que todo el mundo recomienda probar sus fabulosos mejillones al curry. Y cómo no, hay que entrar en alguno de los pubs de la ciudad, que son casi patrimonio nacional irlandés.

Un evento de obligada asistencia cuando visitamos la península es el Festival de Comida de Dingle. Cada año durante el primer fin de semana de octubre, miles de personas de toda Irlanda y más allá se acercan allí para probar la cocina local en lugares que van desde restaurantes y bares a galerías de arte y tiendas.

Foto: Giuseppe Milo

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