Debilidad por Blanes, primer pueblo de la Costa Brava

Blanes marca el inicio de la Costa Brava, pero ni tiene encanto de pueblo pesquero, ni está alejado de la masificación turística. Sin embargo, tiene espacio de sobras para combinar un casco histórico de muy marcada personalidad y una zona hotelera y de ocio nada invasiva, que se extiende al margen del Blanes tradicional. Ambas cosas permiten a los visitantes combinar los dos tipos de turismo en un solo viaje, disfrutando dos vertientes distintas de unas mismas vacaciones.

Ha salido mencionada en este blog como localidad imprescindible de la Costa Brava, pero jamás ha tenido un artículo propio. En cierto modo es normal. El primer pueblo (partiendo de Barcelona) de uno de los litorales más populares del país no tiene la belleza de otros situados más al norte, como Cadaqués, Palamós o L’Escala. Sin embargo, debo confesar que siempre he sentido una gran debilidad por él. Quizás por la sensiblonería de haber pasado allí maravillosos momentos de infancia y adolescencia.

Sa Palomera, en el litoral de Blanes


Blanes marca el inicio de la Costa Brava, pero ni tiene encanto de pueblo pesquero, ni está alejado de la masificación turística. Sin embargo, tiene espacio de sobras para combinar un casco histórico de muy marcada personalidad y una zona hotelera y de ocio nada invasiva, que se extiende al margen del Blanes tradicional. Ambas cosas permiten a los visitantes combinar los dos tipos de turismo en un solo viaje, disfrutando dos vertientes distintas de unas mismas vacaciones.

La frontera entre el ‘viejo Blanes’ y el turístico la marca el mismo punto que delimita el principio de la Costa Brava. Se trata de Sa Palomera, una gran roca que entra dentro del mar frente al paseo marítimo. Es posible acceder a ella a pie y ofrece una magnífica perspectiva del litoral, por lo que es una de las visitas imprescindibles en la localidad.

Al norte de Sa Palomera se encuentra la playa de la Bahía de Blanes. Al sur, la playa de S’Abanell, que se extiende frente a hoteles, restaurantes y centros de ocio. La combinación de ambas conforma un litoral de lo más extenso, por cuyo paseo es todo un placer caminar cuando el sol empieza a ponerse. A paso tranquilo, recorrer todo el paseo marítimo nos puede llevar más de media hora. Una delicia vespertina.

En total, Blanes cuenta con 4 km de playas. Y aunque las dos ya especificadas son las más populares, hay otras tres especialmente recomendables para los amantes de las calas tranquilas y la naturaleza. Una de ellas es la de Treumal, al norte de la localidad y rodeada de un paisaje declarado de Interés Nacional. Otra es la de Sant Francesc o Cala Bona, rodeada de pinos. La tercera es la de Santa Anna o dels Capellans, situada detrás del puerto de Blanes.

Ademas de aprovechar el sol y dar un paseo por la playa, esta localidad también ofrece posibilidades culturales en su centro histórico. Paseos arbolados, callejuelas, ermitas, iglesias y edificios históricos pueblan las calles, del mismo modo que lo hacen en otros pueblos catalanes con un gran recorrido a sus espaldas. Esta zona también es el lugar idóneo para una cena tranquila o un helado de media tarde. En el punto más alto de Blanes se encuentra el Castillo de Sant Joan, que preside el litoral y que se presenta como una excursión de lo más interesante.

Con todo ello, Blanes es uno de los destinos más extensos y poblados de la Costa Brava, y así se traduce en la variedad de posibilidades que ofrece. Quizás por eso obtuvo en 2007 el certificado de Destino de Turismo Familiar, siendo así la primera localidad de la Costa Brava en lograr este reconocimiento. Quienes quieran conocerlo, tienen una oportunidad de oro los días 21 y 22 de julio. Se celebran entonces las fiestas locales del municipio, en las que destaca uno de los certámenes de fuegos artificiales más importantes de Europa.

Foto: ign74 en Flickr.com.

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