Alicante, la ciudad que no pudo ser

Alacant

Un muy buen amigo alicantino me suele decir: “Alicante siempre será la ciudad que no pudo ser”. La segunda capital del País Valencià o la Comunitat Valenciana (según el prisma ideológico con que se mire) está enterrada casi absolutamente en cemento, carreteras, discotecas, playas sintéticas y centros comerciales. Pero sobrevive algo del sabor mediterráneo, de aquella ciudad que nunca más será lo que fue excepto en los sueños de los que nunca la conocieron y en los recuerdos de aquéllos que tuvieron la oportunidad de vivirla. Es por ello que encontrar vuelos baratos a Alicante siempre merece la pena.

El pillaje urbanístico que ha destrozado la costa este de la península ibérica también ha dejado su zarpazo en la fisonomía alicantina. Si uno llega por primera vez a Alicante, una de las primeras cosas que debería hacer es subir al castillo de Santa Bárbara: desde allí tendrá una perspectiva privilegiada de la bahía y la ciudad. Una visión desoladora para quien conoció la ciudad que fue, ahora ya desaparecida: miles de contrucciones de decenas de plantas se levantan brutalmente desde la playa de San Juan y casi hasta Santa Pola, ribetean como sucias grapas la costa alicantina de norte a sur.

El barrio de Santa Cruz

santa cruz alacantPese a ese inmoral, antiestético e insostenible manto de cemento, siempre queda algo del antiguo Alicante: el barrio de Santa Cruz, situado a las faldas del monte Benacantil sobre el que se levanta el precioso castillo de Santa Bárbara, es un manojo de calles de casas bajas encaladas en blanco que ofrecen la posibilidad de un delicioso paseo. En el serpeante y empinado barrio se puede disfrutar, además, de un par de buenas tascas para tomarse unas tapas con una cerveza bien fresca. El barrio de Santa Cruz es una pequeña joya sobre la que muchos turistas ni oyen hablar tan desorientados como andan por las luces de las discotecas y los destellos de los rascacielos.

Un vez que se ha entrado en el barrio, se puede llegar caminando hasta el mismo interior de la construcción castrense que domina Alicante, el castillo de Santa Bárbara, un monumento de origen árabe cuya construcción data de mediados del siglo IX. El recinto, bien cuidado y con exposiciones itinerantes en algunas de sus salas, es la otra joya de la ciudad. Por lo menos hasta que alguien decida construir unos adosados o un centro comercial sobre ese valioso trozo de historia: Alicante perdería así, y definitivamente, lo que poco que le queda de aquella ciudad que no le dejaron ser.

Foto 1: Andreu Jerez

Foto 2: www.alicante.es

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