A la sombra de los baobabs

Estos árboles, símbolo indiscutible de Madagascar, son un aliciente turístico en sí mismos. Por su aspecto, por su belleza, por su avanzada edad, y por habitar en algunos de los rincones más exóticos del planeta.

Baobab en Madagascar

Hay árboles de hoja caduca y de hoja perenne, los hay jóvenes y con milenios de antigüedad. Algunos son el hogar de infinidad de especies animales. Otros reciben pocas visitas, pero las suficientes para no vivir en soledad. Pero pocos tienen un valor simbólico tan potente como el baobab.

Si buscamos culpables, podemos encontrar dos de claros. El primero es indiscutible: su aspecto. Los baobabs, como vemos en la fotografía, son esos árboles de tronco ancho y copa pequeña y plana. Sus ramas, cortas y poco ramificadas, se concentran en la parte superior y solo dejan ver hojas en época de lluvias. Como resultado, el baobab es una especie única en el mundo, y que hasta el más inexperto reconoce a simple vista.

Pero como decíamos, hay otro culpable. En este caso, el endemismo. Hay menos de una decena de variedades de baobab, científicamente «adansonia», en el mundo. Y de todas ellas, seis habitan en la isla de Madagascar. Uno de los mayores paraísos naturales sobre la Tierra.

Este enclave del Índico es capaz de concentrar en su superficie un entorno selvático único y playas de impresionante belleza. Suficiente para atraer a millones de visitantes cada año. Y en este lugar casi virgen, lleno de posibilidades, el baobab es el símbolo indiscutible. Su imagen es la del exotismo, la del clima tropical, y la de las especies extrañas. Y para sus habitantes, también la de la prosperidad: es genial para alimentarse y para extraer materias primas.

Con todo ello, no sorprende que el baobab sea el protagonista de una de las atracciones estrella de Madagascar. La Avenida del BaobabAlley of the Baobabs«) es un recorrido de 260 metros que permite circular entre una treintena  de baobabs, algunos de 800 años de edad. Antaño estuvieron rodeados de bosque, pero ahora son los supervivientes de un entorno desolado a causa de la desforestación.

Pero no solo en Madagascar vive este árbol. Algunas especies habitan en África continental  y Australia. La mayoría de estos ejemplares tienen un aspecto más ancestral y robusto, incluso menos sugerente. En compensación sus troncos alcanzan diámetros increíbles.

Este toque característico, el tronco ancho e incluso abultado, es típico de la madurez de los baobabs. Por los entornos en los que habitan, estos árboles almacenan gran cantidad de agua en su tronco desde su juventud. Y de adultos se convierten directamente en depósitos. Y hay que pensar, además, que estos ejemplares superan fácilmente los 1.000 años, y algunos han llegado a vivir 4.000.

Es por todo ello que este árbol entra en esa pequeña categoría de seres vivos que son aliciente turístico por sí mismos. Algo más común entre los animales (gorilas, pingüinos, koalas…) que entre los vegetales, lo cual es aún más meritorio. Así que, ¿a qué esperas para fotografiar uno en persona?

Foto: Frank.Vassen.

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