Observaciones sobre el turismo sostenible en la Antártida

Cada vez son más los aventureros que deciden hacer una expedición por la Antártida. Las consecuencias son palpables en el continente, por lo que un científico de la Universidad de Canterbury (Nueva Zelanda) destaca los pros y los contras del turismo en la zona y hace una llamada a la concienciación y a la actuación.

El turismo sostenible está cada vez más en alza, y hay regiones del mundo expertas en fomentarlo. Oceanía es un buen ejemplo, y países como Nueva Zelanda someten a estrictos controles a aquellos que desean hacer una expedición por la Antártida. Sin embargo, a veces no basta ni con las mejores previsiones del mundo para proteger ciertos ecosistemas, a los que la afluencia de turismo acaba afectando sí o sí.

Daniel Ligett, científico social de la Universidad de Canterbury, ha observado que el creciente volumen de turistas ha causado serios problemas en la Antártida. Sus conclusiones llaman a actuar a las autoridades competentes, y han sido recopiladas por la web especializada Tourism Review.

  • En la década de los 60 apenas 500 personas al año recorrían el continente con fines turísticos. Sin embargo, la cifra en el periodo 2007- 2008 se había elevado ya hasta los más de 46.000 visitantes. Aunque el número de turistas se ha reducido casi a la mitad con la crisis económica y el aumento en las tasas de combustible para navegar por la zona, que hace que los precios sean casi inalcanzables para muchas empresas de cruceros, la cifra sigue siendo mucho más elevada que hace unos años.
  • Uno de los grandes problemas de la navegación por la Antártida es la resistencia de los barcos ante la posibilidad de choques contra el hielo, que es casi inexistente. En caso de colisión o de cualquier percance, las tareas de evacuación serían muy costosas, y los equipos no están preparados para cubrir pasajes de entre 500 y 1000 personas entre pasajeros y tripulación.
  • Los estudios han revelado que los vuelos frecuentes hacia enclaves con colonias de pingüinos han generado problemas en su salud, como ansiedad o aumento del ritmo cardíaco. En cualquier caso, estos animales no son molestados si los visitantes se ciñen estrictamente al código de conducta establecido para estas zonas, que marca una distancia de seguridad de 5 metros con cualquier ejemplar. La concienciación es la única vía para preservar la vida salvaje en el continente.
  • El turismo, por sostenible que se considere, ha generado cambios medioambientales en la Antártida. Tanto las hélices de los barcos como los ejes de sus motores generan sustancias contaminantes. Y a su vez, los fuertes vientos arrastran bolsas de plástico y prendas de ropa que se van esparciendo por todas partes. Todo ello se une a la contaminación acústica y del aire generada por los cruceros.
  • La International Association of Antarctica Tour Operators (IAATO) no tiene un control absoluto sobre los operadores turísticos que se mueven por la zona, pues algunos quedan fuera de su ámbito. Según Ligett, es necesario un plan de acción conjunto para una explotación turística viable, inteligente y sostenible en la zona.
  • Pese a lo dicho, no todo son pegas en la llegada de turismo a la Antártida. Ahora existe un conocimiento mayor sobre el continente, y por lo general los turistas regresan a sus casas más concienciados de la necesidad de preservar un ecosistema como este. Además, las compañías que realizan cruceros por la zona a menudo ofrecen facilidades a los científicos para que puedan estudiar la zona, como viajes gratis y comodidad para el transporte de su equipamiento de trabajo.

Foto: 23am.com.

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