El faro cubierto de hielo del lago Míchigan

Este faro de la localidad de Saint Joseph, en el estado de Míchigan, está totalmente cubierto de agua helada en invierno.

Viajamos hasta Estados Unidos y, más concretamente, hasta el lago Míchigan. Parte del conjunto de los cinco grandes lagos de Norteamética, su nombre os resultará familiar por bañar las aguas de Chicago (Illinois) o Milwaukee (Wisconsin).

Sin embargo, nuestra propuesta nos lleva hasta el lado opuesto del lago, ya en el estado de Míchigan. Allí, en la pequeña villa de Saint Joseph, nos espera un muele convertido en una de las atracciones más bucólicas al otro lado del charco. Con el explícito nombre de St Joseph North Pier, está presidido por dos faros cuyo origen se remonta ha hace casi dos siglos.

Ambos faros, uno mayor que el otro, se extienden a través de un clásico muelle rural. Su particularidad cobra vida en invierno, cuando el faro más cercano a las aguas del lago queda totalmente cubierto de hielo. Es el efecto de sumar vientos, olas y contunias temperaturas bajo cero.

Contemplar las formas que dibuja el huelo sobre la superficie del lago, y que a veces recuerdan a algas submarinas, es todo un espectáculo. Eso sí, no está exento de cierto riesgo. Y es que el muelle en invierno está totalmente congelado y no cuenta de ninguna protección, así que hay que andar con mucho cuidado (no están de más calzado y accesorios especiales) si no se quiere acabar en las gélidas aguas del Míchigan.

Dicen que el mejor momento para disfrutar del espectáculo es al caer la noche, cuando la luz del faro se eniende y atraviesa el hielo que la rodea, luchando por salir al exterior. Una imagen que pocas veces en la vida se puede disfrutar, y que hace que la visita valga mucho la pena.

Los faros de St Joseph se encuentran a un paseo desde Tiscornia Park, al norte de la localidad y marcando la desembocadura del río Saint Joseph. Como vemos, el santo carpintero es omnipresente en este lugar.

Si bien el invierno es el momento más pintoresco para visitar los faros, la visita es igual de curiosa durante el resto del año, cuando nos espera una estampa de lo más fotogénica. Eso sí, se escoja la época que se escoja hay que ser cauteloso con las olas. Porque sí, hablamos de un lago, pero de uno cuyos 57.750 m2 lo convierten en el quinto mayor del planeta.

Sin mucho más que añadir, solo decir que si vuestra escapada invernal os lleva a los alrededores del Míchigan, esta opción no se puede dejar escapar. Porque, ¿quién dijo que el frío era desagradecido?

Foto: Rachel Kramer.

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