Cipotegato, una peculiar tradición en Tarazona

Este personaje, disfrazado de arlequín, salta cada año a la plaza del Ayuntamiento de Tarazona preparado para esquivar tomates e intentar completar su recorrido. Si lo consigue, será erigido a modo de estátua.

Que nadie se espere un artículo con carácter obsceno, ni nada relacionado con prácticas más que sancionables. Este nombre tan curioso corresponde a una fiesta tradicional. Una fiesta que, como tantas otras, visita nuestra geografía en verano. Sus orígenes son siempre centenarios y de ahí provienen estas denominaciones tan curiosas.

La que hoy nos ocupa se celebra en Tarazona, provincia de Zaragoza, cada 27 de agosto. Es el evento más esperado de las fiestas en honor a San Atilano, que duran 15 días y se alargan hasta el primero de septiembre.

El día señalado a las 12 del mediodía el personaje conocido como Cipotegato salta a la plaza del Ayuntamiento, abarrotada de gente. Lo hace disfrazado de arlequín, encapuchado, con un traje amarillo, rojo y verde. Sus amigos y antiguos Cipotegatos le hacen un pasillo para permitirle el paso, aunque ello no le salvará de la persecución de la muchedumbre. Le lanzarán tomates e intentarán que no complete su recorrido. De salir triunfante, el Cipotegato será subido a una escultura erigida en su honor en el centro de la plaza.

Parece ser que esta fiesta podría tener su origen en el siglo XVIII. Un archivo documentado en la Catedral de Tarazona indica que en la zona había antiguamente una cárcel. Una vez al año, en fiestas, se daba la oportunidad a un preso de salir al exterior, y se le decía que sería libre si era capaz de abandonar el pueblo. Lo que no sabía es que, tras ser soltado en la plaza del Ayuntamiento, le esperaba todo el pueblo con piedras en las manos.

No se sabe cuándo esta costumbre paso a ser popular y, por tanto, perdió su carácter violento. En algunos documentos de principios del siglo XX consta el pago de seis pesetas a la persona encargada de representar al Cipotegato. Sin embargo, no es hasta mediados de siglo que se instaura la tradición de tirarle tomates.

Hoy en día el Cipotegato no es un preso, sino una persona joven de la localidad escogida cada año por sorteo. En 2011 fue representado por primera vez por una chica. La fiesta se ha convertido en un evento multitudinario y muy popular, que congrega a turiasonenses y visitantes.

No es el único evento curioso de estas fiestas, que acaban con la denominada ‘quema del sapo’. El 1 de septiembre se quema una maqueta con la imagen de un sapo o rana, y relacionada con algún hecho sucedido en Tarazona o en el resto del país. La suma de peculiaridades hacen de estas fiestas una escapada muy recomendable.

Foto: Neva Micheva.

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