Salvado del cierre un parque de atracciones de hace más de 110 años

Un pujador ha ganado la subasta completa del Clementon Park and Splash World, un parque de atracciones con más de 100 años de antigüedad.

Los parques de atracciones tienen algo especial. En sus instalaciones reúnen el eco de multitud de generaciones que han pasado por allí a lo largo de los años. Los niños, sobre todo, son quienes más disfrutan de estos lugares como si fueran sus propios reinos, aquellos en los que tienen control sobre todo lo que ocurre. Porque esos primeros veranos que pasas visitando el parque de atracciones a diario, o el parque acuático en su defecto, se convierten en algunos de los mejores recuerdos de la vida. Al ir en solitario, en especial con los amigos, sientes ese frenesí de tener la libertad e independencia de tus padres que tu mente, sin saberlo, tanto ha estado buscando desde tiempo atrás.

Los padres, al mismo tiempo, se encuentran tranquilos, porque saben que estás dentro del parque de atracciones, que hay un control, unas normas, seguridad y que, dentro de lo que cabe, eres un niño con cabeza que sabe comportarse. Esos tiempos se recuerdan con facilidad y marcan profundamente.

Por eso, cuando un parque de atracciones antiguo cierra, siempre hay quienes se encuentran tristes y dolidos al ver que parte de su infancia, de su vida, se desvanece. Ese es un sentimiento común que reconoceréis y que se puede aplicar a otro tipo de lugares que también cambian, se derrumban o, por arte de magia, desaparecen de un día para otro.

La historia de la que os hablamos trata de eso: de parques de atracciones que desaparecen. O, mejor dicho, que casi desaparecen. Se trata del Clementon Park and Splash World, un parque de atracciones con zona de parque acuático que se fundó en el año 1907 y que pasó a subasta recientemente este año 2021. Todo apuntaba a que el destino del parque sería su desmembramiento y era lo que los niños que disfrutaron del lugar en el pasado, pensaban que ocurriría. Pero al final, podemos decir que se ha salvado y que su retorno se producirá en una fecha no determinada, pero posiblemente no haya que esperar demasiado.

Clementon es un borough, un tipo de gobierno local que se encuentra en paralelo a ciudades, pueblos o municipios, pero cuyo término no tiene traducción al español debido a la ausencia de un modelo que se le parezca. En cualquier caso, digamos que su población es de alrededor de 5.000 habitantes y que se fundó en 1925, aunque por allí habían pasado comerciantes y establecido algunos negocios desde 1800. El nombre se lo puso Samuel Clement, que compró la fábrica de cristal que había construido previamente Jonathon Haines.

Con los años, Clementon floreció. En la década de los 80 y los 90 tuvo mucha industria y con anterioridad también había sido un buen lugar donde vivir, en el cual a nadie le faltaba trabajo. En los años 80, justamente, fue cuando se alcanzó el récord de población, un total de 5.764 personas inscritas en el censo, cuya cantidad se mantuvo similar en los 90, pero bajó por debajo de los 5.000 en la década del 2000.

El parque temático fue un hervidero de diversión para los jóvenes de todas esas épocas. Se construyó en 1907, incluso antes de que el borough fuera establecido. Por aquel entonces, Theodore B. Gibbs, antiguo veterano de la Guerra Civil, realizaba todo tipo de trabajos en Clementon. Era el cartero, y también ocupaba el trabajo de sheriff, pero siempre se encontraba inquieto por introducir más objetivos en su vida. Así es cómo visualizó la construcción del parque, el cual comenzó de forma sencilla como un lugar donde los visitantes podrían pasar el día de una forma divertida.

Dos años después de su inauguración, Theodore falleció. Se quedaron al mando del parque sus dos hijos, quienes le habían ayudado en el emprendimiento del proyecto: Edgar B. y Willard. Años más tarde, la familia Gibbs tenía claro que podían hacer historia si se lo proponían. Por ello, invirtieron mucho dinero. En 1919 instalaron una noria y un carrusel que funcionaba con vapor, lo que les proporcionó un nivel de popularidad que les colocaba en una posición envidiable. Como vieron que la afluencia de público era cada vez mayor, hicieron la mayor inversión que había tenido el parque: un gasto de 80.000 dólares de la época que les permitirían tener una montaña rusa. Se trató de la Jack Rabbit, una montaña rusa diseñada por el famoso John A. Miller, una autoridad en este tipo de obras. Por supuesto, se transformó en un gran éxito.

Cuando llegó la gran depresión y el país tuvo que evadirse de este tipo de lugares, el Clementon Park parecía encontrarse cara a cara con uno de sus momentos más complicados. Alguien recomendó a la familia Gibbs que estableciera un aparcamiento donde los visitantes pudieran dejar el coche a salvo en las visitas que hicieran al parque. El transporte que antes atraía al público de Camden se había quedado obsoleto, ya que la moda del coche era demasiado intensa. Por ello, la familia puso el aparcamiento y esperó lo mejor. Tuvieron suerte, porque el público respondió.

El motivo de ello no fue solo el aparcamiento, sino también el cambio de filosofía que introdujo el parque en muchos aspectos. Por ejemplo, comenzaron a organizar maratones de baile que se encontraban presentados por famosos y a los que asistían cientos de jóvenes. Eso les dio un soplo de aire fresco con el que se mantuvieron en la cresta de la ola incluso con la mala situación por la que pasaba la nación. De todas formas, poco tiempo después, cuando el parque seguía con un buen funcionamiento, llegó la venta del mismo.

En 1977 los Gibbs tomaron una decisión que cambiaría para siempre el futuro del parque: lo vendieron. Es probable que la generación que en aquellos momentos gestionaba el parque, los descendientes de Theodore, ya no estuvieran interesados en seguir manteniéndolo. O quizá pensaron que preferían disfrutar de la vida con el dinero que obtuvieran de la venta, desentendiéndose del negocio después de tantas décadas. Fue una pena, puesto que el parque se había mantenido fiel a la filosofía de la familia desde sus orígenes, introduciendo cambios, pero siempre desde el respeto al modelo original.

En cualquier caso, lo único que sabemos a ciencia cierta es que el parque se vendió. Quien lo compró fue Abram Baker, un empresario que era propietario de un club de noche en Miami y que también estaba explotando otros negocios relacionados con el entretenimiento. Dos años después de la compra, Abram decidió poner ese negocio en manos de su hijo Larry, que pasó a gestionarlo. Lo hizo con eficacia y consiguió que el parque de atracciones siguiera causando interés entre residentes y visitantes. Pero en 2007 tomó la decisión de venderlo.

Posiblemente se embolsó una buena cantidad, puesto que cayó en manos de una empresa que apuntaba alto con él. Pocos años después, esa empresa lo volvió a vender y su nueva propietaria todavía invirtió más dinero. Eso fue en 2019, año en el cual se construyeron multitud de nuevas atracciones que tenían la intención de lograr poner al parque en una de las primeras posiciones de las listas de visitantes de su campo. En septiembre de 2019, sin previo aviso y antes de que comenzase la pandemia, el parque de atracciones cerró sin previo aviso. Nadie sabía qué estaba pasando.

Parece que los nuevos propietarios habían invertido tanto dinero y firmados tantos créditos para poder construir las nuevas atracciones, que se llenaron de deudas que no pudieron llegar a afrontar. Los bancos se las reclamaron y, como no llegaron a pagar, el parque se cerró y se planificó su subasta. Eso es lo que nos lleva justo a lo ocurrido en 2021.

La idea era que el parque Clementon Park and Splash World, después de sus más de 100 años de historia, se “despedazara”. Para ello se dividió de dos formas. Por una parte, una subasta general por todo el parque. Por otro lado, pequeños lotes de componentes del mismo, como las atracciones, el mobiliario o elementos propios de las estructuras. Se puso una condición: si la suma de las pujas más altas de todos los lotes superaba a la mayor puja que se hubiera recibido por el parque en su totalidad, se vendería en piezas. En caso contrario, se llevaría a cabo la venta del parque en un bloque único que aseguraría su supervivencia (al menos de una forma teórica).

La mayor puja que recibió el parque en conjunto superó los 2 millones de dólares, mientras que la suma de todas las atracciones y elementos del parque de forma individual “ni se le acercó”. Por ello, se gestionó la subasta-venta del parque a un nuevo propietario. ¿Quién? El midas de los parques de atracciones, un hombre llamado Gene Staples, que ya salvó otro parque de atracciones en la misma situación y, después de unos meses de trabajo, lo puso a funcionar a pleno rendimiento. ¿Y qué pasó? En un periodo de tiempo reducido, incluso con la pandemia de por medio, Staples logró que ese parque que había estado a punto de desaparecer, se convirtiera en un éxito e hiciera cifras que ponían los números muy en positivo.

Al leer las declaraciones de Staples sobre sus motivaciones, se nota que entiende lo que hace que haya personas que tengan instinto de proteger este tipo de lugares de sus respectivos y casi inevitables cierres. Habla del encanto de los parques, de la magia que les transmite a las personas revisitarlos años después de que no hayan ido o de la historia que guardan en su interior. También recuerda cómo, en el pasado, tuvo que presenciar el cierre de un parque en el que él pasó parte de su infancia, algo que quiere evitar que vuelva a ocurrir.

Por ello ha invertido en la compra del Clementon Park y lo va a poner a punto para que vuelva a brillar tanto como lo hizo en el pasado. Sus hijos están ayudando en el proceso y la experiencia obtenida con anterioridad seguro que le ayuda a hacer un poco más de historia con este negocio que comenzó de manera familiar y que no sería extraño que, gracias a Staples, vuelva a esta misma filosofía.

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