Cornellà-El Prat, el estadio más coqueto de la liga española

Si uno va a Barcelona hay suficientes lugares comunes para llenar una semana entera y cumplir con la guía básica del turista: que si subir a lo alto de la eternamente incompleta Sagrada Familia, subir las Ramblas, pasear por el Parque Güell, visitar la Casa Batllò -Gaudí está por todas partes-, etcétera. Aunque al visitante no le guste el fútbol, visitar el Camp Nou y ver un partido del Barça son señal de que se ha cerrado el círculo. El Barça en Barcelona simboliza, como ellos mismos se jactan en demostrar, més que un club.

Vista interior de Cornellà-El Prat.

Pero en la ciudad condal hay otro equipo, minorizado como tantos, eclipsado y hasta denostado por la afición mayoritaria blaugrana. El otro equipo de la ciudad, casi tan antiguo como su vecino -y en cambio enemigo- mayor, es el Real Club Deportivo Espanyol. El Espanyol, fundado en 1900 por universitarios catalanes que escogieron el nombre del Estado en el que jugaban para diferenciarse de los otros equipos de la ciudad, mayoritariamente integrados por extranjeros, como el caso del propio Barça.

Es el sexto equipo más longevo de España, el sexto, también, en número de abonados, con más de 35.000. Si realizamos un historial de la clasificación del club en la competición liguera, probablemente el sexto puesto sea el más frecuente. Es este un club que ha pasado por dificultades en los últimos años, que vive con la continua sombra en medios de comunicación del todopoderoso Barça, pero con una afición que llena el estadio cada dos fines de semana. ¡Ah! El estadio, ese era el motivo de nuestro post. Si está usted en Barcelona seguramente querrá deleitarse en el coloso Camp Nou, pero en un alarde de originalidad no estaría mal que eligiera, por una vez en su vida, la opción menos recurrida: vaya a ver al Espanyol al estadio de Cornellà-El Prat. Que el nombre no le eche atrás la apuesta, es tan feo como hermoso es su campo, elegido mejor estadio del mundo en 2010.

Cornellà-El Prat es uno de los terrenos de juego más lujosos que se pueden encontrar por toda Europa, de hecho obtuvo la máxima calificación de la UEFA en 2009, año de su inauguración. Ese mismo año volvía a casa el exiliado equipo perico -mote de los jugadores y aficionados del Espanyol, que en su origen vestían de amarillo- tras un exilio en el Estadio Olímpico de Motjuic, el que albergó los Juegos de Barcelona ’92.

Vista de grada central de Cornellà-El Prat.

Los blanquiazules están de nuevo en casa, y es una casa impresionante. Situado entre las poblaciones barcelonesas de Cornellà y El Prat de Llobregat -de ahí el nombre- este moderno estadio tiene capacidad para 40.500 espectadores. Además de su moderna estructura, cuenta con enormes placas fotovoltaicas sobre la techumbre de las gradas, lo que lo convierte en un estadio sostenible, que genera su propia electricidad de manera limpia. Si a eso unimos que está preparado como ningún otro para el acceso de personas con discapacidad, se convierte en un edificio respetuoso con el bien ajeno.

Y después, cuando entras, da la sensación de estar en un verdadero complejo deportivo donde el fútbol se respira y vive por todos los costados. Al estilo de los campos ingleses, la grada comienza a alzarse rozando la línea de banda, con lo que no solo la visibilidad del juego es inmejorable, sino que el aliento de la afición llega a los jugadores desde bien cerca. Observándolo vacío resulta coqueto, resultón; cuando está lleno emociona el color y sonido de las gradas. Como toque extravagante, el estadio cuenta con un propio salón funerario, donde los aficionados pueden comprar una hurna y casilla donde depositar sus cenizas en el propio campo.

Las primeras cenizas que contiene ese salón, por cierto, pertenecen a las de su ex capitán Daniel Jarque, fallecido durante el segundo partido de liga, hace ya dos temporadas. La puerta número 21 del estadio, número que lucía el capitán en el dorsal, lleva inscrito el nombre de su estimado jugador y una escultura suya preside la entrada al campo.

Todo un ejemplo de arquitectura deportiva moderna y respetuosa, perfectamente integrada en su entorno y sin la necesidad de derrochas cifras estratosféricas de millones de euros. El estadio Cornellà-El Prat es ya una visita obligada para los amantes del fútbol que pasen por Barcelona.

Foto | RCD Espanyol

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