¿Qué es el esquí alpino?

Qué es el esquí alpino

El esquí alpino es una de las muchas modalidades de esquí que existen y que se pueden llevar a cabo en algunas estaciones de los Pirenos, ya sean catalanes, aragoneses que franceses. De hecho su denominación le viene precisamente de su práctica en este entorno ya que comenzó a practicarse en los Alpes.

Las diferencias con el esquí de fondo, de travesía o nórdico son que suponen casi siempre descensos rápidos sobre un trazado delimitado, aunque no sobre pista como en el esquí convencional. No obstante, la técnica es muy similar al esquí. En definitiva, el de fondo son descensos y ascensiones muy tranquilas, ya sea en la técnica clásica como en la de patinador, y el esquí alpino son descensos rápidos. Una rapidez que cobra su significamos si atendemos a que se trata de una de las modalidades que se aplican dentro de las competiciones de alto nivel, no apto para principiantes aunque también se puede practicar con un nivel medio.

Concretamente en España son ya muchas las estaciones de esquí que iniciaron su trayectoria dentro del ocio sobre nieve con este tipo de practica y que, actualmente, ha llegado a albergar alguna de estas competiciones nacional e internacionales desde que esta afición por el esquí alpino llegará en 1908.

Una de las primeras donde se practicó fue en la zona de los Rasos de Peguera, en Barcelona, Cataluña. Después se extendió a otras estaciones de esquí que han labrado su prestigio actual tras años apostando por una modalidad destinada a esquiadores expertos. Algunos de estos ejemplos los encontramos en las estaciones de La Molina, Candanchú, Valgrande-Pajares, Sierra Nevada y Navacerrada, entre otros.

Dentro de esta modalidad en concreto existen muchas otras disciplinas derivadas del esquí alpino. El más popular es el de descenso. Una de las pruebas más largas y una de las que más velocidad se alcanza. Durante las competiciones, cada corredor realiza una sola bajada y el que invierte menos tiempo en completar el recorrido gana. No obstante, en los últimos años la disciplina conocida como Slalom ha ganado terreno.

Su recorrido es algo más corto que en el del descenso y esta marcado con puertas de palos simples. Esto provoca que se tenga que realizar complicados virajes, muy cerrados, y que, por tanto, se requiera una cierta habilidad y agilidad para responder a cada uno de ellos durante su encadenamiento y todo ello a una elevada velocidad. En competición, cada participante realiza dos tramos o mangas diferentes sobre la misma pista y, de nuevo, el tiempo es quién decide el ganador: el que acumule menos tiempo en la suma de las dos bajadas. Además, existe una variante a éste llamada Slalom gigante. En él, las puertas se reduce tanto en número como en la distancia que hay entre ellas, lo que cierra aún más los giros que, sumado a la velocidad del trazado- aumenta las posibilidades de producirse una caída.

El Super-gigante, también llamado Super G, añade dos nuevos ingredientes además de la velocidad: la precisión y coordinación. Una precisión que le permita al deportista trazar las curvas del Slalom gigante con la coordinación perfecta, en el menor tiempo posible y sobre un trazado algo más corto que el del descenso.

Y aunque todos ellos se pueden realizar por separado también existe la posibilidad de hacerlos juntos. Este es el caso de la disciplina ‘combinada’. Una prueba de velocidad en el descenso y un Slalom de dos mangas. O la ‘super combinada’, una disciplina muy reciente que combina un descenso, más corto de lo habitual, y una sola manga de Slalom.

Otra de las variantes, aunque menos practicada, es la disciplina del ‘Paralelo’ donde los deportistas realizan la especialidad en paralelo uno del otro y sobre una pista más larga que el Slalom.

Foto de NM i Trysil.

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