Experiencia horrible en un restaurante español en Japón

Os contamos cuál ha sido nuestra horrible experiencia cenando en un restaurante español en Japón donde no se sirve precisamente comida de calidad.

A Japón le encanta la cultura española. Esto se puede apreciar en multitud de aspectos, como en series de televisión donde sus personajes chapurrean español, parques temáticos dedicados a España (Shima Spain Village) o tiendas en las que se venden dulces españoles. Por supuesto, también deriva en que existan restaurantes de comida española.

Estos restaurantes se suelen dividir en dos tipos. Por una parte, aquellos que están gestionados por españoles y cuyo afán es compartir con la sociedad japonesa los placeres de la gastronomía española. Por otro lado, los que están dirigidos por japoneses que aprovechan el nombre de España y presentan un repertorio de platos lejanamente inspirados en la comida española. Además, también hay excepciones de restaurantes gestionados por japoneses que realmente ofrecen calidad, sobre todo porque han aprendido a cocinar estando en España o que han cuidado mucho la elección del menú.

Por desgracia, es bastante frecuente encontrarse con esos restaurantes que engañan al público ofreciendo comida supuestamente española. Se caracterizan por varios aspectos, siendo uno de ellos que, sus precios, suelen ser realmente altos. Hace un tiempo tuve la ocasión de cenar en uno de estos restaurantes y la experiencia me dejó sin habla. Su nombre es Bar de España Bella y lo que ofrece se puede definir como espeluznante. Y, lo peor, es que el restaurante sigue abierto, por lo que sufro cada vez que imagino los muchos clientes que están siendo engañados haciéndoles pensar que “eso” que sirven es auténtica comida española.

El local

Pequeño, como si fuera un bar español. Al principio, da el pego. En el exterior tiene un banco en el que la gente puede sentarse si hay cola y que sirve como decoración. Japón no es un país que tenga muchos bancos en las calles (por no decir prácticamente ninguno), de forma que se trata de un complemento que de verdad hace pensar en España. Al entrar dentro comienza el drama, puesto que lo primero que escuchamos es música mexicana, con mariachis incluidos. Y no es que tengamos nada contra la maravillosa música mexicana, pero si abres un restaurante español, al menos deberías informarte de qué es España y qué es México. Por respeto a ambas culturas. Si el hilo musical hubiera estado arropado por Rafael, el Fari o Mecano, seguro que la primera impresión sería un poco más positiva.

La carta

Podemos criticar los errores gramaticales de la carta, pero al menos lo han intentado. No todos los restaurantes, incluso los que se perfilan como de comida española, se toman la molestia de poner los textos en español para que sea posible leerlos. Así que, en cualquier caso, hay tantas cosas malas que decir del restaurante que no hace falta pararse demasiado en la carta.

La comida

Esto es lo peor, lo que te hace que te caiga una lágrima y que, esa morriña que tenías por comer comida española, se vaya por el retrete con una contundencia tan sólida como si acabaras de terminar una fiesta de tacos y chimichanga.

Patatas al ali-oli con setas

De primero, una tapa, las patatas ali-oli con setas. Lo que esperas con ese tipo de tapa es uno de los platos más fáciles de preparar en cualquier bar. No tiene mucho misterio: son patatas con ali-oli. Y le pones unas setas porque está claro que quieren darle un estilo personal al menú. Pero lo que me trajeron es lo que podéis ver en la siguiente foto: un mazacote de puré de patata con una salsa de setas densa, consistente y de sabor “de ayer”. Era imposible comérselo sin beber un vaso de agua con cada bocado.

Terrible, tanto la preparación como el sabor. Porque incluso como puré, era horrible. Mira que es fácil hacer esta tapa. La cara de decepción, sobre todo teniendo en cuenta que me acompañaban personas no españolas, fue notable.

Tabla de quesos

Uno, aunque viva en Japón, está acostumbrado a las tablas de quesos de bares españoles. Me arriesgué con este pedido en el restaurante porque echo de menos el queso. En Japón el queso es poco frecuente y, los quesos que se venden, son bastante insípidos y de baja calidad. No es un país que sepa producir queso y eso también deriva en que no sea del interés de los consumidores. Como mucho, encuentras quesitos en los supermercados y queso rallado para la pasta o pizza, pero nada más.

Por ello, la tabla de quesos me atraía. Lo que me encontré es lo siguiente: una tablita con tres quesos acompañados de unos cracker y picos de pan. Se incluyen tres quesos. El primero de ellos es el queso frito, muy quemado. Es como los bordes de las barritas de queso de las panaderías, la parte quemada. Muy malo. El segundo queso es un gouda que no es demasiado sabroso y con trocitos muy pequeños. La tercera opción es queso brie, estándar y sin nada especial.

Huevo frito con patatas con salsa brava

Una de mis apuestas personales. Lo que te podías esperar eran unos huevos rotos con sus patatas y el añadido de salsa brava, una idea curiosa, pero que habría sido bienvenida. En lugar de ello, lo que recibí y que podéis ver en la foto es una auténtica paradoja culinaria.

Se incluyen tres patatas de rejilla fritas hasta la muerte y mal cocinadas, un huevo pasado por agua en el centro y los chorros de salsa de ketchup y mayonesa sin ningún tipo de sentido. También tiene una patata frita de gran tamaño, como las que tienen las hamburguesas de los restaurantes de comida rápida. La decepción fue escandalosa, porque esperando un huevo frito, encontrarte un huevo pasado por agua y ese tipo de patatas, fue dramático. Una clara representación de lo que se podía esperar del resto de la carta y reflejo de cómo trabaja el restaurante: usando solo productos congelados de baja calidad.

Surtido de salchichas

Uno de los comensales que me acompañaba se interesó por este plato y, lo cierto, es que no parecía una mala idea, porque ¿Cocinar un menú de salchichas? Tenía que ser sencillo. Siendo un surtido, esperaba que incluyeran salchichas frescas, salchichas de frankfurt o de distintos estilos. En contraposición a eso, lo que sirvieron en la mesa fue un platito con unas mini-salchichas de las que venden en Japón en bolsa, que no son españolas ni nada, unas patatas dado, dos lonchas de jamón en lata y un pegote de mostaza.

Una vez más, se comprobaba que todos los ingredientes del restaurante los compran en uno de los supermercados que hay a escasos 5 minutos del local. Una broma. Un plato triste y decepcionante, aunque curiosamente las patatas eran mejores que las patatas del plato anterior.

Paella mixta

Posiblemente lo menos malo de todo el pedido. Cara, pero incluyendo de “todo”. Mejillones, trozos de pollo y todo tipo de ingredientes cubriendo el plato, en el cual prácticamente el arroz no está presente. Esto lo ofrecían para dos personas, pero no es ni mucho menos suficiente para dos, especialmente en Japón, donde todo el mundo come tres veces más de lo que se podría imaginar. La mezcla es horrible, con almejas, pimientos, pulpo, los mejillones, el pollo, todo sin arreglo a nada y con muy mala mano en la preparación. Es lo menos malo de toda la comida que probamos.

Crema catalana

A primera vista, una buena representación. El problema es que el plato en el que está presentada no tiene profundidad, ni siquiera un centímetro de espesor. Eso significa que todo es caramelo, el que se ve en el exterior, y canela, toneladas de canela. Al clavar la cuchara no se encuentra crema, así que termina siendo un postre pesado, porque todo es azúcar. No obstante, no es la primera vez que pruebo una crema catalana en Japón y hasta ahora ninguna ha estado al nivel.

Tortilla de chocolate

Para terminar, lo más horrible de toda la cena. Atribuyo el momento de terror a un lost in translation digno de la mejor de las situaciones absurdas, porque si no, no tiene sentido. Lo que pensaba que ofrecía el restaurante era una quesadilla con chocolate. Es decir, una tortilla de trigo rellena de crema como Nocilla o Nutella. Eso es algo bastante frecuente. La venden en Taco Bell con el nombre de chocodilla y también es un alimento habitual en puestos de street food en España.

El problema es que el cocinero, posiblemente, nunca ha visto una chocodilla en su vida. Así que lo que imagino que hizo fue es: entrar en Google, buscar tortilla de chocolate, e improvisar. Porque la palabra tortilla se usa tanto para lo que nosotros entendemos como una tortilla francesa como para las láminas de trigo de las quesadillas. Así que el cocinero se hizo el lío. Optó por la opción de la tortilla francesa, así que lo intentó hacer lo mejor posible. Preparó una tortilla francesa y, en su interior, la rellenó de natillas de chocolate (bueno, natillas no, una crema de chocolate bastante mala, y fría).

El efecto fue, como podéis imaginar, desastroso. Caliente en el exterior, frío en el interior y, con el añadido, por si la mezcla ya no fuera suficientemente terrible, de una salsa de frambuesa que cubría toda la parte superior de la tortilla. La salsa, en grandes cantidades y con mucho espesor, estaba también caliente, lo que hacía que el plato en general fuera una ofensa a todo lo que podemos denominar como “postre”.

Conclusiones sobre la experiencia

Está bastante claro que los responsables de este restaurante no tienen mucha idea de España y que, a lo sumo, deben haber ido en una ocasión. Pero está claro que no se acuerdan de cómo era la comida ni tienen idea de documentarse en condiciones. En general, todos los platos fueron bastante horribles y podríamos decir que la paella fue el que se salvó un poco. Al menos resultaba comestible.

Como decía, todos los ingredientes se veían claramente que estaban comprados en un supermercado cercano, lo que hace sentirse todavía peor por la experiencia. Por otro lado, el precio de la cena fue desorbitado teniendo en cuenta la calidad de los platos y el servicio. Fueron, si no lo recuerdo mal ahora, casi 10.000 yens, lo que se quedaría en unos 90 euros al cambio.

Es una pena que ocurran estas cosas porque se da una muy mala imagen a la comida española. Por suerte, como decíamos antes, hay algunos restaurantes españoles auténticos que sirven unos platos que de verdad te hacen sentir que estás en España. Hasta en uno de ellos, comentándolo como anécdota, se sirve conejo, que para nosotros es lo más normal del mundo, pero para los japoneses resulta un horror. La forma en la que te miran cuando les dices que en España se come conejo es similar a la que se nos queda a nosotros cuando oímos que en China comen perro.

¿Tendré el valor de volver a un restaurante español en Japón? Posiblemente sí. Todavía estoy buscando chorizo, quesos, morcilla, jamón serrano, croquetas y otros platos que, hoy día, echo de menos. No es frecuente encontrarlos en supermercados, al menos de calidad. El jamón serrano es una excepción, pero os podéis imaginar que el precio y la calidad de los envases de supermercado son bajísimos. Y el chorizo, según lo entienden los japoneses, es una salchicha con un ligero toque de picante. Incluso lo comercializan como “chorizo español” en algunos supermercados.

Si os ha parecido interesante la crónica y que os mostremos este lado tan desconocido de Japón, no dudéis en poner algún comentario. Eso nos animará a “sacrificarnos” de nuevo por el equipo y exponernos a probar otro restaurante en el cual nos sirvan pure de patata y huevos pasados por agua cuando deberían ser fritos. Pero no sufráis por nosotros: siempre nos queda la cocina casera y los huevos rotos que me he cocinado con salchicha de frankfurt no han quedado nada mal. Algo es algo. Ahora solo falta una buena barra de pan, pero ese es tema para otro artículo.

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