Turismo okupa: Copenhague y su «Ciudad libre»

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Jorge Luis Borges dijo en cierta ocasión: Creo que con el tiempo mereceremos no tener gobiernos. Y unos soñadores con aires utópicos decidieron no esperar para hacer realidad esta frase. Ocurrió hace casi 40 años en el barrio danés de Christianshavn y su historia es tan curiosa e intensa, sus protagonistas tan peculiares que resuena como un tema candente de la blogosfera. Es fácil encontrar entradas en la red sobre las impresiones de los turistas acerca de la ciudad libre de Christiania: el barrio de los canales, el barrio de los anarquistas y los bohemios, el barrio de los hippies con ansias de cambiar el mundo, el barrio de los idealistas,… Un lugar que aún hoy persiste a pesar de hacerse cada vez más fuertes los rumores que apuntan al final de esta histórica e inusual comunidad, a causa de nuevas leyes del Gobierno danés. Quizás aquí radique la importancia de este post. Puede que dentro de unos años el lugar y el estilo de vida que se describen aquí hayan desaparecido de Copenhague a pesar de que esta idea ha sido noticia miles de veces sin que se haya llegado a producir jamás. De un modo u otro es esta una buena oportunidad para visitar, más cuando, como toda Europa, existen buenos alojamientos y hoteles baratos en Copenhague. Será sin duda una experiencia diferente a cualquier otra. Si aún no sabes de qué va esta historia quédate con nosotros. Vamos a hacer turismo okupa…

Para empezar vamos a hacer un poco de historia, sin la cual, sería imposible llegar a comprender esta atípica historia de barrio que termino convirtiéndose en un verdadero fenómeno mundial. Christiania es, en realidad, un antiguo sector militar insertado dentro del barrio de Christianshavn. Cuando en 1971 el ejército abandonó el cuartel de Christianshavn los okupas lo eligieron como lugar donde instalar sus sueños y hacer de esas veintidós hectáreas (ahora treinta y cuatro) un espacio alternativo donde desarrollar una forma de vida diferente. La adecuación del antiguo centro militar al barrio libertario partió de una premisa básica: la creatividad. De este modo crearon talleres, tiendas, escuelas y guarderías, negocios colectivos, programas de reciclaje, anticuarios, locales para conciertos, grupos de teatro y un sinfín de espacios más basados todos en sus premisas de amor y paz.

El gobierno danés estuvo de acuerdo con esta comunidad aunque dio sólo tres años para lo que los políticos consideraron una experiencia social a corto plazo. Cuando finalizo este plazo comenzaron los enfrentamientos entre el gobierno y los okupas produciéndose durante décadas juicios, presiones, manifestaciones y números actos en contra llegándose incluso a ocupar la radio danesa en 1973. Los medios impresos y digitales están repletos de informaciones que ilustran la larga historia de este sueño ocupa cargado de momentos de esplendor y de oscuridad. Christiania ha sido cuna de nuevos movimientos musicales y se ha tocado desde sus inicios todo tipo de música: folclórica, turca, jazz, rock,… Los más importantes rostros del panorama musical han pasado por aquí: Eric Clapton, Green Day, Alanis Morissete, Blur, Bob Dylan, Rage Against The Machine, Portishead entre muchos más.


La Christiania actual es sólo una versión de lo que este barrio fue dentro de un contexto histórico y político diferente y a cargo de unas mentes mucho más idealistas y concienciadas políticamente de quienes lo ocupan actualmente. Pero su esencia persiste y aquí aún hay lugar para la utopía. De hecho cientos de personas esperan que alguna casa se quede libre para adquirirla y poder formar parte de ella. Sus reglas siguen siendo notablemente diferentes al resto de barrios de la ciudad danesa. Con la democracia como principal razón de ser, sus ochocientos habitantes no cuentan con ningún mando o administración central sino que cada uno de sus integrantes puede ejercer su voz y voto. Se recoge el alquiler de todos y la mitad se utiliza para los gastos de la comunidad.

A pesar de que Christiania ya no es lo que era sigue siendo una experiencia atractiva para los turistas darse una vuelta por aquí. Christiania . La calle principal del barrio es llamada Pusher Street. Podemos encontrar varias zonas tranquilas como las próximas al lago. Éste está rodeado de pintorescas casas de colores. Son la insignia característica del barrio junto con los numerosos graffitis presentes en todas las paredes. Otro de los puntos de visita son sus cafés y bares, en otro tiempo, auténticos centros culturales y sociales: nueva música, ideas frescas, teatro en estado puro,… El Woodstock, el Nemoland y Sushine Bakery son los más conocidos. Las fogatas o los conciertos a la luz de la luna siguen estando presenten en los locales del barrio. También pueden encontrarse algunas tiendas dedicadas a vender a los turistas objetos nostálgicos con el símbolo de Christiania como pulseras, camisetas o banderas. Al salir del barrio te toparás con un curioso cártel que reza: Esta usted entrando en la Unión Europea, símbolo de la clara tendencia anti europeísta de la comunidad.

La mayoría de turistas, cuando visitan este lugar, no esperan encontrar nada espectacular y son conscientes de que el verdadero atractivo de Christiania radica en lo que ha significado para la historia mundial y no en lo que es realmente hoy en día. Aunque sigue habiendo personas que permanecen aquí desde los inicios aquellos primeros niños que habitaron las escuelas y guarderías cuentan hoy con edades próximas a los 20 años. El fenómeno de los neohipies ha hecho mella también en el sentido original del barrio. Se trata de jóvenes con apariencia y estética hippie pero que, sin embargo, no practican realmente los valores de amor, paz y compañerismo que dan sentido a este movimiento. Son tan consumistas como el resto sólo que tratan de disfrazarse de hippies sesenteros sin comprender muy bien de que va realmente la historia.

De un modo u otro visitar Christiania, conocer su historia y recorrer sus calles es una experiencia extraordinaria. Pase lo que pase Christiania será para siempre un lugar con corazón libertario que en un tiempo emocionante lucho por una sociedad alternativa donde el ciudadano fuera el dueño absoluto de su destino. Hay que reconocer que la idea no está nada mal.

Foto: Kieran Linan.

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