Tres joyas de Florencia

Florencia es un viaje inolvidable para cualquiera que tenga un mínimo gusto por el arte, la cultura y la historia.

Hace unos años, muchos años desgraciadamente, estaba cursando en C.O.U la asignatura de Historia del Arte. Hasta entonces las diferentes disciplinas artísticas pasaban ante mí sin reclamar mi atención lo suficiente. Pero llegó el momento en el que apareció una disciplina y un artista que me marcaron para siempre: la increíble escultura del genio Gian Lorenzo Bernini. Y si hay un escenario dónde se puede disfrutar de sus mejores creaciones es Florencia.

La imagen más famosa de Florencia, el Ponte Vecchio

En realidad es solo una excusa, una razón para visitar una de las ciudades más bellas no solo de Italia sino de Europa. Con el buen tiempo es más que recomendable no hacerlo en verano, puesto que se hace casi imposible conocer sus museos y principales monumentos. Si tienes poco tiempo y debes conocer lo imprescindible del que fue ducado, anota tres nombres: Piazza del Duomo, Piazza dell Signoria y Ponte Vecchio.

Para empezar el recorrido, la Plaza del Duomo es como una recopilación de varios atractivos de primer nivel en un solo lugar. Así, en un solo paseo se podrá disfrutar de la Catedral, el Campanile de Giotto y, para acabar, el Battistero di San Giovanni. Cada lugar es una visita obligada. Es, además, el centro civil y el centro religioso de la ciudad. Es por todo ello, que no es de extrañar que siempre haya bastantes turistas en todas las épocas del año.

De camino al río Arno, nos encontraremos con la plaza florentina más importante: la Plaza de la Señoría, cuyo origen se remonta al Imperio Romano, dónde había un complejo termal. Con el paso de los siglos y la llegada de la Edaed media, éstas desaparecieron para convertirse en un barrio de artesanos. Imprescindible la visita del Palazzo Vecchio a cuya entrada podremos disfrutar de una copia del David de Miguel Ángel, además de otras como la de Adán y Eva, Hércules y Caco.

Para finalizar nuestra ruta por los lugares imprescindibles, sin contar con los museos, claro, nos encontramos con el Ponte Vecchio, la imagen más conocida de la ciudad y del romanticismo. Se erigió en 1345, lo que le vale tener el privilegio de ser el puente de piedra más antiguo de Europa. Sus casas colgantes fueron el hogar de carniceros, matarifes hasta el siglo XVI en que la corte se mudó al Palacio Pitti y ordenó cerrarlas por el mal olor. Desde entonces, fue el hogar de joyeros. Hoy en día es un lugar lleno de candados, costumbre que quiere reflejar un amor para siempre de jóvenes enamorados de todo el mundo.

Fotografía: Bordas

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