La vida secreta de París

París parece una ciudad predecible con mucho para ofrecer a los turistas y que, sin embargo, siempre tiene un secreto para compartir a quien quiera prestar atención.

Pont Neuf, Paris

Olvídate de la mala educación. Olvídate del snob. París está jugando su papel como telón de fondo de clase mundial para las fantasías personales de quienes escogen viajes París, pero llegar a conocer las verdades de la ciudad es otra cosa.

París es elegante, pero no especialmente sensual. Estamos en la latitud de Montreal. Las castañas, cuyas flores ayudan a crear la emoción de abril pierden sus hojas tan pronto como a finales de agosto. El cielo se vuelve cual masilla gris durante meses, y la Torre Eiffel a menudo desaparece en la niebla, pero en cambio siempre recordamos la ciudad en el color de cine y pensamos que es exuberante.

Los parisinos son capaces de redefinir su ciudad con su propia presencia. Hay algo especial en la belleza material de una ciudad cuya contribución a la civilización no está dado tanto en las vistas y monumentos, ya que es el enfoque local para una vida civilizada lo que atrae de París y es por eso que para querer la ciudad, hay que conocer a los parisinos.

Los parisinos pueden ser arrogantes y tenemos la tendencia a decir de ellos que son desagradable y muy coquetos, sin embargo, cuando visitamos la ciudad, correteamos por las calles donde se encuentran las casas de moda, asistimos a eventos y desfiles y nos sumergimos con facilidad en aquello que criticábamos.

«El Barrio Grande»

«Le Grand quartier» tiene pocos lugares turísticos importantes en estas áreas, a excepción del Palais Garnier de la Ópera y la colina de Montmartre. De hecho, las áreas son un recordatorio más adecuado de la Declaración de París de hace mucho tiempo.

Muchos de los barrios o vecindarios de París que antes eran característicos de la clase obrera tradicional o de la población inmigrante del noreste han sido diluidos y poblados por profesionales de la corriente bohemia y las pequeñas boutiques, tiendas de alimentos orgánicos, y casual, bares y otros establecimientos fetichistas de los alimentos.

El más floreciente centro de inmigrantes de París, Belleville es, en realidad, una zona que se asemeja más a una ensalada de Chinatown, zoco, y el gueto, y sus residentes son ferozmente leales cada uno a su cultura, tradición y formas de ver la vida. Sin embargo de grandes diferencias, se convive en armonía y hasta lo ecléctico se vuelve pintoresco.

París parece predecible, y sin reinventarse – pues son los parisinos los que conforman el alma de la ciudad-, sus barrios se transforman y adaptan a las nuevas necesidad y expresiones de su gente y los turistas pueden encontrar siempre algo nuevo, si lo buscan.

Fotografía: stephanemartin en Flickr

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