Estambul, el gran cruce de culturas

Estambul se ha convertido en uno de los destino más solicitados del mundo. Su pasado bizantino, romano y otomano ha dejado huella en algunas obras de arte únicas como Santa Sofía

Santa Sofía es una de las obras bizantinas más brillantes del mundo

Pocos lugares en el mundo merecen la pena ser visitado que Estambul. La ciudad más poblada de Turquía ha escrito algunas de las páginas más apasionantes de la historia, ya que ha sido capital de tres imperios: el Romano, el Bizantino y el Otomano. Esta circunstancia ha repercutido en la configuración de una urbe increíble que durante siglos tuvo el nombre de Constantinopla y que fue el centro del universo conocido durante gran parte de la historia.

Eso es el pasado pero hoy es una ciudad de casi 15 millones de personas que se ha convertido en una de los destinos más visitados del mundo. Razones que a continuación explicaré y otras muchas que me dejaré en el tintero. Lo primero es reservar uno de los muchos hoteles en Estambul. No en vano, el turismo es uno de los principales focos económicos de esta metrópolis.

Un viaje a Estambul no tendría sentido sin sorprenderse por la belleza y dimensiones de Santa Sofía, construida durante el mandato de Justiniano en el siglo VI. Es una de las obras maestras del arte bizantino, y entre 1204 y 1261 fue la iglesia del Papa. Cuando fue tomada por el Imperio Otomano y convertida en mezquita, se le añadió los cuatro minaretes que dominan junto a la cúpula la panorámica de la metrópolis turca. El interior no le va a la zaga y es inmensa, además de estar llena de enormes medallones decorativos y diversos mosaicos de gran interés histórico.

Como edificio religioso, también destaca la Mezquita azul, la más famosa de Estambul por su singular belleza. Sin embargo, prefiero detenerme en el Palacio Topkapi, como muestra de la grandeza que alcanzó la vieja Constantinopla y el Imperio Otomano. En sus 700.000 metros cuadrados de edificación, este palacio tiene muchas instancias, aunque merece la pena quedarse con el Tesoro. En sus dependencias hay algunos de los objetos más valiosos del mundo, como el diamante del cucharero, que perteneció a la madre de Napoleón y que es de 88 quilates. Otra de estas maravillas es el puñal topkapi, el arma más cara del mundo, construido en oro con esmeraldas incrustadas.

Para respirar un poco de tanta obra maestra de la arquitectura mejor tomar un barco y dejarnos llevar en un crucero por el Bósforo. De esta forma es posible visitar las islas, como Heybeliada, que se conoce como la isla de la alforja por su forma. Destaca por la belleza natural y sus playas, o las Islas del Príncipe, un conjunto de ocho islas sobre el mar de Mármara a sólo una hora de viaje de la metrópoli.

Fotografía: marierrotabt

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