El Ritz de Madrid reabre sus puertas con mucho lujo

El Ritz de Madrid ha pasado por un proceso de restauración con el objetivo de volver a convertirse en uno de los lugares más destacados del país.

No hay que pensar demasiado para llegar a la conclusión de cuál es el hotel de mayor lujo de todo Madrid. Se trata del Ritz, que remonta su origen al año 1910 y que, desde entonces, ha estado considerado como lo mejorcito en alojamientos en la capital. El 15 de abril de 2021, después de un largo periodo de reformas, reabrirá sus puertas de la mano de su nueva propietaria, la empresa Mandarin Oriental, que hizo la adquisición de las instalaciones en una operación por valor de 148 millones de dólares en 2015. Con anterioridad, la propiedad había estado en manos de Belmond, nombre de otro grupo asiático conocido con anterioridad como Orient-Express Hotels.

Gracias a la reforma que se ha llevado a cabo, se cree que el Ritz recuperará toda su gloria. Lo hará no olvidando el trágico incidente ocurrido en 2018, cuando varios obreros resultaron heridos y uno de ellos falleció.

La vuelta del Ritz se produce con la intención de recuperar su identidad de símbolo de la capital. Para ello ha sido reformado intentando mantener en la medida de lo posible su aspecto original, pero sin descuidar la necesidad de dotarlo de un mayor lujo y de inquietudes actuales para este tipo de lugares. Esto lleva a que su estilo de la Belle Époque se vea reforzado con una gran dosis de elegancia moderna y con más lujo. Fruto de ello son las 53 suites que se van a ofrecer al público de las 153 habitaciones en total disponibles para los huéspedes.

Por lo que se ha podido ver, gran parte del atractivo de la nueva versión del hotel se deposita en la gastronomía. Para ello se han hecho fichajes de gran relevancia, como un chef con estrellas Michelín que, con su equipo, está dispuesto a revolucionar la propuesta gastronómica del hotel. La reapertura del hotel también conlleva la inauguración de nuevos restaurantes y bares en los que se van a servir platos propios de la gastronomía madrileña, pero también recetas originales y todo tipo de cócteles.

Entre las características de esta reapertura destaca la cúpula de cristal del Ritz, que vuelve por todo lo alto, así como la platería que se puede encontrar en el mismo. Uno de sus bares estará dedicado al champán e incluirá algunas de las mejores propuestas de su categoría, mientras que también se podrá disfrutar de delicias en sus demás restaurantes. No habrá que dejar de lado las vistas de los salones, el Real y el de Felipe IV, ambos enfocados hacia el Museo del Prado, lo que los coloca entre los mejores lugares de todo el hotel.

El Ritz fue una iniciativa del rey Alfonso XIII, que después de haber estado viajando por Europa se dio cuenta de que España y en especial Madrid no tenía un lugar como el Ritz donde se había alojado en otros países. Había buenos hoteles de lujo, pero no un símbolo en el que se alojasen todos los miembros de la realeza cuando se encontraban de viaje. Por ello, comenzó a mover los hilos para alimentar el proyecto en el que se convirtió el Ritz de Madrid, el cual estuvo supervisado en su construcción por el mismísimo César Ritz.

Por aquel entonces a Ritz, el hotelero más importante de su época, ya le quedaban pocos años en activo. El resto del presupuesto de fabricación salió del bolsillo de empresarios y personas importantes de Madrid, ya que César Ritz, debido a varios factores, como una galopante depresión, ya no estaba interesado en levantar nuevos hoteles con sus propios fondos. En su desarrollo participaron especialistas que, hasta entonces, habían trabajado en los Ritz de otros países. En especial, al rey de España le perturbaba la posibilidad de quedarse por detrás de Francia y su Ritz, por lo que hizo todo lo posible para que el Ritz madrileño fuera superior. Y, a todas luces, lo consiguió.

La apertura fue un éxito y no tardó en convertirse en el lugar de mayor lujo, el sitio donde se alojarían reyes, príncipes y políticos de gran relevancia. Quienes se alojaban en el Ritz de Madrid disfrutaban también con ideas culinarias que rompían con todo lo establecido y que sorprendían. La capital introdujo a través de su hotel nuevas tradiciones y tendencias. Por ejemplo, se hizo popular el té del mediodía y también los bailes que se celebraban todos los martes de una manera más que multitudinaria. A través del Ritz fue cómo se introdujeron nuevos estilos de baile en la capital, como fue el caso del famoso foxtrot.

Antes de que César Ritz falleciera en 1918, el hotel ya se había transformado en tendencia y toda la gente de importancia se quería alojar en él. Al hotelero que diera nombre a algunos de los mejores hoteles del mundo ya poco le importaba, porque su depresión le llevó a estar ingresado en un hospital privado durante los últimos años de su vida. También lo vio triunfar el rey, que debió sentirse muy satisfecho por el trabajo que se había hecho para convertir Madrid en una ciudad con un gran hotel.

De 1916 queda el registro de cómo se alojó en el hotel la mismísima Mata Hari, la espía, que estuvo allí alojada con un seudónimo alrededor de 1 año. En 1926 cambió de manos y pasó a la familia Marquet, donde se quedó hasta que se produjo su venta en el año 1978. Durante las tres generaciones en las que fue propiedad de esta familia, el hotel vivió otros momentos relevantes. Por ejemplo, en tiempos de la Guerra Civil se adaptaron sus instalaciones para convertirse en hospital militar. A inicios de los 40 el hotel recuperó su objetivo original y vivió una nueva época de esplendor.

El problema llegó en la década de los 70, puesto que la dirección del tercer Marquet, el nieto del propietario original. No dio buenos resultados. El director del hotel eliminó algunos de los servicios que lo habían hecho popular y a los que él no encontraba interés. Por ejemplo, desapareció la cena de fin Nochevieja que había tenido una popularidad enorme en el pasado. Además, el director empezó a usar fondos del hotel para gastos personales que no estaban justificados, lo que afectó a las cuentas. Fue tan mal el hotel en esa década que, en 1978, decidió realizar su venta.

El hotel pasó a manos de Enrique Maso, antiguo alcalde de Barcelona. No tenía un especial interés en el hotel, sino que aprovechó la oportunidad para conseguir un valor de calidad a bajo precio y, poco después, en 1981, venderlo a una tasa más elevada. Así es como llegó a manos de Trusthouse Forte, que disfrutó de más de una década de éxito hasta que la empresa empezó a tener dificultades y se tuvo que deshacer de propiedades para regular sus cuentas.

A partir de ahí ha pasado por muchas manos y, aunque ha llegado a despertar el aplauso de especialistas en hoteles del mundo entero, aún no ha conseguido recuperar un periodo de estabilidad tan alto como el que alcanzó en el pasado. Con su reapertura en este mes de abril, se espera que las cosas, finalmente, consigan ser distintas. El tiempo dirá si estamos ante el renacer del Ritz de Madrid por todo lo alto o si se volverá a encontrar en una etapa de paso.

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