El renacer de las esculturas de Atenas

El Acropolis de Atenas está restaurando así algunas de sus joyas más destacadas para que el público pueda disfrutar del arte y la cultura antigua del lugar.

Las Cariátides, una hermandad de esculturales damas que con su posado impasible sostuvieron hace unos cuantos años el techo del Erecteion de la milenaria Acrópolis de Atenas, vuelven a estar en pie y más bellas que nunca gracias a un intensivo cambio de imagen que ha durado tres años.

Estos antiguos tesoros fueron restaurados en Grecia utilizando una nueva tecnología desarrollada por el Museo de la Acrópolis en Atenas. Para trabajar en el lugar de forma poco invasiva, los científicos aplicaron láseres infrarrojos y ultravioleta para así poder pelar las capas de suciedad de la piedra sin dañar los intrincados peinados de las cariátides y su elegante vestimenta, una labor realmente artesanal digna de los artistas que las crearon hace cientos de años.

Ahora estas reliquias han quedado radiantes para goce y disfrute de los visitantes que se acerquen a este rincón de Grecia, para poder revivir una de las culturas más fascinantes que jamás existió. A través de reconstrucciones digitales basadas en la exploración en 3D, los científicos también revelaron cómo lucía en su aspecto original el friso del Partenón: decorado con accesorios de cobre y pigmentado con lapislázuli (una gema que presenta un característico tono azulado) y cinabrio. El relieve multicolor, encontrado en los compuestos de la Acrópolis, representa una antigua procesión en honor a Atenea, la diosa patrona de la capital griega.

Para los más madrugadores que se acerquen a esta maravilla de la humanidad, recomendamos no dejar de visitar el restaurante del museo, que sirve el desayuno con un toque griego, formado por té helado con azafrán, limón y menta verde y tortitas cubiertas con melaza de uva y tahiné (productos que en realidad derivan del contacto de estas tierras con el imperio otomano). Desde la terraza, además, disfrutaremos de unas vistas privilegiadas, con las que sentiremos que casi podemos tocar con la mano el Partenón.

Un dato curioso es la leyenda que sostiene que cuando el embajador británico Lord Elgin se llevó una de las cariátides de su lugar original, las otras cinco se podían oír lamentando la pérdida de su hermana.

Foto: Dennis Jarvis

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